Fútbol

El Mallorca, finalista de la Recopa

El equipo que dirige Héctor Cúper doblegó al Chelsea con un tanto de Biagini

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1 MALLORCA: Roa, Olaizola, Marcelino, Siviero (Carreras, min. 46) , Miquel Soler, Lauren, Engonga, Paunovic, Stankovic (Arpon, min. 79), Dani y Biagini (Francisco Soler, min. 65).

0 CHELSEA: De Goey, Ferrer, Desailly, Leboeuf, Le Soux (Babayaro, min. 46), Petrescu (Morris, min. 76), Wise, Poyet, Di Matteo, Flo y Zola.

GOL: 1-0, min. 14: Biagini cabecea a la red un centro de Stankovic.

ÀRBITRO: Hellmut Krug (Alemania). Amonestó a Desailly del Chelsea; a Lauren, Oalizola y Paunovic, del Mallorca.
Mallorca engrandeció su historial en una noche inmensa. El grupo de Cúper tumbó al Chelsea y selló su presencia en la última Recopa de Europa. Sólido y con pintura de héroe, el conjunto balear interpretó una función épica y consumó una gesta sin referente alguno en 85 años de fútbol en rojo y negro. Leo Biagini puso la firma a un partido grande y todos se partieron el alma para consumar un éxito reservado a una nómina muy selecta.

Nadie sorprendió a nadie. El guión del partido transcurrió según los parámetros previstos. Chelsea dejó claro su tratado de intenciones en el mismo instante que el esférico cobró vida y buscó los ojos de Roa como si en ello le fuera la vida. Prescindió de cualquier párrafo especulativo y proyecto un fútbol nítidamente ofensivo. Su principal problema fue el enganche. Vialli optó por quedarse inicialmente en el banquillo de madera y situar a Flo y Zola en vanguardia. El danés, un futbolista con muchos centímetros, fue una amenaza constante, pero la extraordinaria mobilidad de Zola aconsejaba retrasar unos metros su posición. Bajo esta tesitura, el Mallorca se movió como pez en el agua. Dejó que el rival portara la brújula y tomó posiciones. Cada balón que recuperó era una amenaza.

La obsesión inglesa por el gol propició ciertas concesiones defensivas, aunque paradógicamente el tanto balear llegó en una acción muy elaborada. Miquel Soler trianguló con Stankovic y su asistencia encontró un movimiento perfecto de Biagini. Cuando De Goey volvió la vista atrás sólo vió el esférico en la red. Mallorca siempre supo leer el partido. Engonga realizó una trabajo extraordinario en la zona de las calderas. Supo administrar el balón con criterio buscando siempre espacios oxigenados, los que fabricaron Dani, Biagini o el propio Paunovic, aunque donde más lustre alcanzó el fútbol local fue en el repliegue. Chelsea orientó el partido, pero gobernó en zonas muertas y cuando pudo pegar y hacer daño, especialmente en la recta final del duelo, encontró a Roa. Paunovic, en un error supino de De Goey, pudo rubricar la sentencia de los ingleses y certificar el acceso de su equipo a la final, pero la pierna de Desailly, que apareció sobre la misma línea de gol, quiso prolongar la agonía. Un gesto de Flo y un remate de Poyet durante el periodo en el que el terreno de juego parecía inclinado, dispararon los miles de corazones que se agolparon en el Sitjar, pero la noche nunca podía ser negra.

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