Jorge Gutiérrez.

«No he visto ni un vídeo porno en que un hombre tuviera un deseo sexual y no fuera este satisfecho mediante el cuerpo de la mujer». Esta ha sido una de las muchas conclusiones que ha llegado Mónica Alario, doctora en Estudios Interdisciplinarios de Género, además de filósofa, en su conferencia Pornografía: pedagogía de la violencia sexual contra las mujeres, en la que ayer analizó la cultura de la violación en el imaginario porno.

¿Por qué a tantos hombres les parece excitante realizar prácticas sexuales con una mujer que no desea tener sexo? Tras años de investigación, la doctora llega a la conclusión de que la norma que siguen los vídeos porno en dos de las páginas más visitadas en España es la de «acceder al cuerpo de la mujer para satisfacer su deseo» y, en este sentido, «la mujer pasa a un plano de deshumanización, porque lo único que importa es que se consienta al varón».

Según la doctora, existen dos estrategias que se repiten en este tipo de consumo. El primero es que la pornografía invisibiliza esta violencia contra la mujer o niña. El segundo aspecto o estrategia del porno que destaca Mónica Alario es la erotización directa de esta violencia hacia las mujeres o niñas.
Uno de los ejemplos que presentó son los vídeos más reproducidos por consumidores de porno, y lo más impactante es que están relacionados con penetraciones a «hermanas y hermanastras» o de «adolescentes durmiendo con el pene en su boca»: «Violar a una mujer es sexualmente excitante en el porno», reflexionó Alario durante la conferencia.

Adicción

Apenas hay material que hable del consumo pornográfico, y esta fue una de las principales razones por las que el periodista Jorge Gutiérrez, y presidente de la entidad Dale Una Vuelta, escribió el libro La trampa del sexo digital, que presenta hoy a las 12.00 horas en Can Sales.

En él, explica cómo afecta la pornografía y cuáles son sus consecuencias a largo plazo. Ver porno modifica tu cerebro y la capacidad de concentración: «Hay expertos que señalan hasta cinco características de las adicciones comportamentales que están en la pornografía, como por ejemplo la recaída, el conflicto interno o la modificación del humor, que hacen que el porno pueda ser una adicción».

El perfil que ha sido atendido en su entidad suele ser la de un varón entre 25 y 40 años, casado o soltero, que lleva un consumo frecuente y que esta práctica le ha sobrepasado, por lo que pide ayuda. «La pornografía machista, dominante, que busca el placer en el hombre, es la que más se visita. Una de las características es que la violencia es extrema, y cada vez se buscan más estos tipos de vídeos».