La historia, en femenino singular

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La maestra Emilia Noya i Casanova, que llegó a Eivissa en 1923 e impartió clases durante casi 50 años, rodeada por sus alumnas. Foto: Arxiu d'Imatge i Só Municipal d'Eivissa

La maestra Emilia Noya i Casanova, que llegó a Eivissa en 1923 e impartió clases durante casi 50 años, rodeada por sus alumnas. Foto: Arxiu d'Imatge i Só Municipal d'Eivissa

08-07-2010

Durante los primeros días de agosto de 1936, Margalida Roig Colomar (Sant Francesc de s'Estany 1908-Eivissa 1966), fue apresada y encarcelada en la prisión central para mujeres de Palma. Allí, coincidió con otra mujer, Maria Marí Guasch, de Can Savi (Sant Llorenç de Balàfia, 1909- Eivissa, 2001), condenada por rebelión. Seguramente, ambas mujeres, comprometidas con los derechos de las mujeres de su época además de paisanas, compartieron más de un momento en el presidio y algunas confidencias.
Este detalle de la historia no se ha conocido hasta la inauguración de la exposición Dones, Reconstruïm la història, que se exhibe en la sala cultural de Sa Nostra en Vila hasta el 26 de este mes. «El hijo de Margalida Roig me comentó que su madre le había hablado de una mujer que coincidió con ella en la cárcel de Palma y me dijo que era una señora de Sant Llorenç. Yo le dí el nombre de Maria Marí y el lo confirmó. Maria Marí de Can Savi y Margalida Roig se conocieron en la cárcel. Esto se supo a raíz de la inauguración de la exposición», explica Fanny Tur, directora del Institut Ramon Llull, y autora de los textos de la exposición, además de conocedora de las historias de estas mujeres.
Pero no fueron las únicas que coincidieron en tiempo y espacio. Francisca Carablanca, que aún hoy vive, fue una de las trabajadoras de la fábrica textil de Can Ventosa, y era amiga de la sindicalista Margalida Roig Colomar. «A Francisca Carablanca en dos ocasiones la fueron a buscar pensando que era la presidenta del sindicato. Y ella les contestó: 'Pero si a la presidenta ya la habéis detenido'. Eran amigas y compañeras. Cuando habla de Margalida la recuerda con mucho cariño», explica Fanny Tur.
La mujeres en la primera mitad del siglo XX trabajaban en el campo, en casa, en la fábrica y educaban a los hijos. Muchas de ellas reivindicaron derechos como el de la educación o el derecho al voto. Todos los avances que consiguieron las maestras, políticas, sindicalistas y activistas en las Pitiüses, y en toda España, se vieron truncados con la Guerra Civil.
Además de Margalida Roig Colomar, también tuvieron cierta influencia y relevancia en su época mujeres como la maestra y política Emilia Noya i Casanovas (Palamós, 1899-Castelltersol, Barcelona, 1987), por cuyas manos pasaron decenas de alumnas. «Ella se dedicó, sobre todo, a la educación. Formaba parte de la comisión permanente del Ayuntamiento y fue una de las impulsoras del colegio de Sa Graduada, que se inauguró en el año 32, en plena Segunda República», explica Tur. Otra de estas dones que influyeron en la historia fue la activista Maria Marí Guasch, de Can Savi, (Sant Llorenç de Balàfia, 1909- Eivissa, 2001).
La exposición y el trabajo de recopilación y documentación que ha hecho posible esta exposición, nació fruto de un encuentro entre otras mujeres contemporáneas, Montserrat Marquès, Isabel Peñarrubia (comisaria de la exposición), Francisca Mas y Fanny Tur, en otoño de 2007; y también de la idea de que las mujeres como protagonistas de la historia ha estado olvidadas demasiado a menudo.
Aunque aquí se han recuperado algunos nombres y apellidos de mujeres «valientes, con convicciones y ejemplares, tanto para su época como hoy en día», como dice Fanny Tur, ha habido otras muchas que en el anonimato han ayudado y contribuido a que la mujer, no sólo consiguiera acceder a la educación, sino que tuvieran derechos parejos a los de los hombres. Aunque la historia las haya silenciado, ahora ocupan el lugar que les corresponde.

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