Sardinas Negras - Lluis Ferrer , diseñador de moda Adlib

«Alguno de mis trajes de moda Adlib más famosos e innovadores surgieron de la colcha de mi abuela»

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Foto: TONI ESCOBAR

Foto: TONI ESCOBAR

13-11-2016

Luis Ferrer es un mito de la moda española e ibicenca en particular. De hecho la Pasarela Adlib no sería lo mismo sin la labor que ha realizado a lo largo de las décadas este trabajador incansable que nació en Dalt Vila y que siempre tiene una sonrisa y una broma para todo.

Algo que nos demuestra a cada instante nuestro aspirante a Sardina Negra de esta semana durante las fotos y la entrevista que le realizamos junto a la estatua de Guillem de Montgrí, en un entorno privilegiado, con el mar de fondo y a pocos metros de donde aprendió a nadar con su hermana y su padre. Conversador ameno, divertido y sin pelos en la lengua, el tiempo que pasamos con él se convierte en una sucesión de anécdotas sobre todo tipo de temas, desde los cambios que ha sufrido Dalt Vila, sus inicios en la moda, el futuro y el pasado de la Pasarela Adlib e incluso sus viajes por todo el mundo. Ah, y por supuesto, también hablamos de su eterno bigote, casi tan famoso como el de Astérix, y la tienda que tenía justo al lado de la iglesia de Sant Elm, en el barrio de la Marina de Ibiza, y por el que pasaron cientos de rostros conocidos de todos los ámbitos de la sociedad.

—Luis, usted no deja de sorprenderme. Me acaba de reventar el inicio de la entrevista. Le iba a preguntar cuantas veces le han confundido conLuis Ferrer Ferrer, el escritor de El hondero y Días oscuros, pero resulta que usted no se llama Luis... ¿Estamos desmontando un mito?

—(risas)Sí, me han confundido alguna que otra vez y en ocasiones me han llamado para que les hable de los libros... Pero bueno no, no me llamo Luis sino José y comoJosé Ferrer aparezco en mi carnet de identidad.Me empezaron a llamar Luis de pequeño y así me quedé.Incluso a mi hermana, María de las Nieves, la llaman Carmen. Así que ya ves, una familia diferente (risas).

—Pero si que es un niño de Dalt Vila, ¿o también eso es un mito?

—(Risas).No, eso es verdad. Nací en pleno Dalt Vila, en la calle de Sant Carles y todos los alrededores del ayuntamiento eran un nuestro patio de recreo y de guerra. Y aunque hace muchos años que vivo en el barrio de la Marina, siempre intento subir para dar una vuelta por aquí aunque reconozco que cada vez me da más pereza por todas las trabas que hay.

—Incluso creo que aprendió a nadar muy cerca de Can Botino...

—Sí, un poco más abajo, en Sa Punta. Aquí aprendí a nadar cuando mi padre nos ató a mi hermana y a mi con una cuerda para ver si flotábamos(risas). Y una vez que superamos la prueba todas estas pequeñas playas que hay enfrente de la Casa Broner donde acudíamos los amigos todos los días a bañarnos.

—¿Siente nostalgia de aquellos tiempos?

—Nostalgia no, aunque viendo como ha cambiado todo cuando subo soy un turista más. Aún recuerdo cuando éramos pequeños e íbamos a la caza de uno de los pocos turistas que había para hacernos una foto con ellos. Y cómo contábamos coches porque entonces en Dalt Vila no había muchos y era como una atracción. Creo recordar que sólo había tres o cuatro, entre ellos el del coronel y el del obispo.

—¿Y cómo acabó siendo diseñador?

—Pues un poco de rebote. Yo he tenido muchas subidas y bajadas en mi vida y durante un tiempo regenté un hostal precioso en la calle Ignasi Riquer por el que pasaba todo tipo de gente. Y allí un día conocí a personas relacionadas con la moda y como era algo que siempre me había gustado me lancé.

—Desde sus inicios, ¿la moda Adlib ha cambiado mucho?

—Sí, sobre todo porque ahora los diseñadores se empeñan en ser muy sofisticados y eso va en contra del espíritu Adlib.

—¿Cual fue el secreto para que esa forma de hacer moda tuviera éxito?

—Fundamentalmente lo rompedor que fue todo. Se pasó de lo clásico, de los trajes de chaqueta y los trajes de payeses tradicionales y oscuros, a vestidos blancos, batas largas, algodón y lino. Fue un soplo de aire fresco y precisamente ahora creo que se empieza a necesitar otro cambio igual en los tiempos que corren. Hay que empezar a buscar algo diferente porque la gente se está empezando a aburrir de ver siempre lo mismo.

—Fue de los pioneros aunque no estuvo en la primera edición de la Pasarela Adlib en 1971. Siempre ha comentado que esa moda olía a Petromax...

—(Risas).Yo participé por primera vez en la segunda o tercera edición. Y lo de que oliera a Petromax era muy normal porque en aquella época las costureras que cosían los trajes trabajaban largas horas a la luz de quinqués al no haber luz eléctrica en la mayor parte de Ibiza. Tenga en cuenta que se cosía en el campo y por eso también olía a caca de todo tipo y había que lavarla muy bien antes de los desfiles (risas).

—Incluso las modelos iban descalzas...

—Claro que sí. Las modelos eran chicas de Ibiza guapísimas y con muchísima gracia.Y lo de ir descalzas era porque no teníamos dinero para zapatos ya que lo importante era el traje. Y es que nosotros empezamos preparando desfiles por los hoteles sin cobrar un sólo céntimo (risas).

—¿Y el blanco de Adlib? ¿De dónde viene?

—No lo puedo desvelar porque si no las teñidoras me pueden matar (risas). Pero lo del blanco sólo se empezó a popularizar hace unos catorce años. Y viendo su éxito, con tanto volumen de negocio, no nos ha ido nada mal.

—¿Y el ganchillo, el algodón o el lino? Usted fue de los primeros que apostó por todo esto, ¿por qué?

—Por hacer algo diferente y también porque un día tenía a mano una colcha de mi abuela y decidí probar. Y sí, ahora lo puedo decir: aquella gran innovación procedía de la colcha de mi abuela (risas).

—Actualmente la Pasarela Adlib se abre a marcas que abarcan todo tipo de materiales. Eso no gusta a mucha gente.

—Y llevan razón. Creo que desde el momento en el que metes en un traje tradicional de moda Adlib un vaquero, por ejemplo, estás pervirtiendo su espíritu. Está muy bien que se quiera dar cabida a todos los diseñadores que trabajan aquí pero eso no es Moda Adlib. Lo siento pero no es lo mismo.

—Entonces, ¿hacia donde cree que va la Pasarela Adlib?

—Pues realmente no lo sé. Pero me gustaría que fuera más del pueblo de Ibiza.

—¿En qué sentido?

—Pues que cada vez se piensa menos en la gente que vive aquí y en los muchos trabajadores que se dedican a la moda. Está muy bien traer a personajes famosos para hacer publicidad fuera de la isla pero no tenemos que olvidarnos que la Pasarela Adlib nació aquí y es algo de los ibicencos. Y a veces me da la sensación de que ya es todo un gran negocio que no piensa en la gente de a pie.

—¿Qué se le pasa por la cabeza a un diseñador de prestigio y con tanta trayectoria como usted cuando ve en los aeropuertos como vienen vestidas muchas personas?

—Pues me hace mucha gracia(risas).La gente es libre de llevar lo que quiera y no somos nadie para decir si van o no disfrazados porque todos en la vida vamos disfrazados. Eso sí, cuando veo en un aeropuerto alguien que lleva un vestido blanco corto, un sombrero y unas botas de cowboy siempre acierto, vienen a Ibiza (risas).

—Es que hay mucha gente que se piensa que en Ibiza vestimos siempre de blanco...

—Es verdad, pero bueno no nos viene mal porque como no lo hay en otros lugares vienen a la isla a hacer gasto (risas).

—Bueno a usted no le fue mal del todo.Es uno de los grandes referentes de la moda que se hace en Ibiza. Creo que además por su tienda ha pasado lo más granado de la sociedad...

—Eso es verdad. Por la tienda que tenía al lado de la iglesia de Sant Elm, y que ya cerré quedándome sólo con mi taller en la calle Arquebisbe Riera Cardona, ha pasado mucha gente.Por ejemplo la duquesa de Alba, una señora encantadora; se pasaba allí muchas tardes, o, incluso, la reina emérita Doña Sofía pasó a comprar ropa con su hermano Constantino y su cuñada. Y también he vivido anécdotas muy divertidas como cuando Zidane entró y se escondió en el probador ante el acoso de los fotógrafos (risas).

—Para usted, ¿en qué consiste la elegancia?

—Bueno la elegancia se tiene o no se tiene, aunque luego es cierto que hay que ir educándola poco a poco, como la mente, que se puede ser muy listo pero si no la ejercitas te atrofias. Pero para mí la elegancia es ir muy sencillo y nada barroco.

—¿Es cierto que el blanco engorda?

—En absoluto. Lo que engorda es el gris.

—Y si alguien gordete como yo se tuviera que casar, ¿qué me recomendaría?

—Casi que te pongas una faja porque el secreto ni yo mismo lo sé. Y si lo supiera ten en cuenta que ya lo habría intentado patentar para hacerme tremendamente rico (risas).

PROGRAMA

Hoy en la TEF a las 21.55 horas

EL TEST

Un libro

La dona zebra, el rellotge verd de Toni Roca

Una película

Memorias de África

Una serie de televisión

Walking dead

Un grupo o un cantante

Alejandro Sanz

Un color

Rojo

Un plato de cocina

Sopas mallorquinas

Un deporte

Fútbol

Un viaje que nunca olvidará

El que estuve en Turquía

Un lugar de la isla donde se perdería

En la plaza de España de Dalt Vila

Una manía

Llegar muy puntual

Un defecto

Seguir riéndome de mi mismo

Una virtud

Reírme de todo y de mi mismo

Un sueño por cumplir

Casarme

Alguien a quien admire

A mis amigos

Si no hubieras sido diseñador de moda que te hubiera gustado ser...

Cocinero

LA PREGUNTA

-¿La crisis ha afectado a la Moda Adlib?

-Por supuesto. Cada vez más la gente se compra ropa más barata que ni siquiera lava ya que cuando se cansa de ella la tira y punto. Además, cada vez se acude más a las casas de costura para que te arreglen los vestidos y eso al final, acaba repercutiendo en las marcas de moda y en las tiendas. Cuando no hay dinero, siempre te quitas de lo menos necesario y al final, nos guste o no, un vestido de Moda Adlib no se compra todos los días.

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