Crecen los enfrentamientos en Yemen ante las dudas sobre el regreso de Saleh

El presidente, con quemaduras en el 40% del cuerpo, continúa en Arabia Saudí

| Madrid |

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Varias personas observan el cuerpo sin vida de un miliciano tribal del líder opositor Sadeq al Ahmar.

Varias personas observan el cuerpo sin vida de un miliciano tribal del líder opositor Sadeq al Ahmar.

WADIA MOHAMMED

Más de 400 combatientes tribales consiguieron ayer arrebatar a las fuerzas gubernamentales el control de la ciudad de Taiz, en el suroeste de Yemen, según informaron varios testigos a la cadena de televisión estadounidense CNN.

Los combatientes tribales mantuvieron enfrentamientos con las fuerzas de seguridad yemeníes cerca del palacio presidencial hasta conseguir hacerse con el control de la ciudad. El palacio está situado cerca de la plaza de la Libertad, punto central de las movilizaciones contra el régimen en la ciudad de Taiz.

Las fuerzas gubernamentales se reagruparon en un esfuerzo por intentar recuperar el control de la localidad. «Los enfrentamientos se prolongaron durante horas y nadie pudo abandonar su casa. Un elevado número de manifestantes situados en la plaza de la Libertad dejaron el lugar cuando se acercaron los combates», explicó Sameer Saeed, un testigo de lo sucedido.

Gravedad

Mientras los combates entre fuerzas tribales que apoyan a los opositores y las fuerzas gubernamentales se intensifican, el presidente yemení, Alí Abdulá Salé, continúa recuperándose en Arabia Saudí de las heridas que sufrió el pasado viernes en el ataque contra el palacio presidencial en Saná.

Según una fuente gubernamental estadounidense, el presidente Salé tiene quemaduras en el 40 por ciento de su cuerpo y uno de sus pulmones colapsado. Una fuente diplomática árabe conocedora del estado de salud del presidente yemení aseguró ayer que Salé tiene una herida de metralla de siete centímetros de profundidad.

Por su parte, el embajador de España en Yemen, Francisco Javier Hergueta, y una veintena de españoles llegaron ayer a Madrid tras abandonar el país, en el que, según declararon, vivieron «atrincherados y protegidos, sin salir ni de la residencia ni de la Embajada, intentando que no nos cayera ninguna bomba».

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