La candidata demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump, durante el debate. | GARY HE

El candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, dejó en el aire si aceptará el resultado de las elecciones estadounidenses en el último debate presidencial que le enfrentó a su rival, la demócrata Hillary Clinton, e insistió en que las votaciones están amañadas.

«Se lo diré en su momento. Voy a mantener el suspense», respondió el magnate a una pregunta directa del moderador, Chris Wallace, sobre si acataría la respuesta de las urnas después de haber lanzado recientemente acusaciones de que las elecciones pueden estar amañadas a favor de su rival.

Trump aseguró que hay «millones de personas registradas para votar que no deberían estar registradas», cargó de nuevo contra los medios «corruptos» de comunicación y aseguró que no se debió permitir la candidatura de Clinton por usar un servidor privado para sus correos electrónicos como secretaria de Estado y por «muchas otras cosas».

Clinton salió rápida al quite asegurando que esa actitud era «espeluznante», afirmó que su rival siempre cree que todo está trucado cuando no sale victorioso y dijo que Trump está «degradando» la democracia con esos comentarios.

Éste fue uno de los instantes más comentados de una noche en la que también acapararon gran parte de los focos las acusaciones de injerencia del gobierno ruso en las elecciones y las alegaciones de acoso sexual que pesan sobre el republicano.

Tensión

La cita, celebrada en la Universidad Nevada-Las Vegas, empezó con un ambiente más calmado que los encuentros previos, pero el debate recuperó el tono turbulento y de agrios reproches que ha protagonizado la campaña.

El Tribunal Supremo y el derecho, regulado o no, a tener armas de fuego abrieron la discusión.

«Entiendo y respeto la tradición de poseer armas. Se remonta a la fundación de nuestro país. Pero también creo que puede haber y debe haber una regulación razonable», señaló Clinton.

Por su parte, Trump alertó de que la Segunda Enmienda de la Constitución «no sobrevivirá una presidencia de Hillary Clinton».

Uno de los tramos más esperados era el dedicado a la inmigración, aunque finalmente los candidatos hablaron pocos minutos del tema antes de derivar a asuntos de política exterior y defensa.

No obstante, Trump recalcó su controvertida idea de construir un muro en la frontera con México para frenar la inmigración irregular.

«Quiero el muro, tenemos que detener las drogas. Tenemos a hombres malos que se tienen que ir. Cuando la frontera esté segura vamos a tomar una decisión sobre lo demás», dijo Trump, quien acusó a su oponente de querer un país «con las fronteras abiertas».

Clinton rechazó este punto y recalcó su apuesta por una reforma migratoria en los primeros cien días de mandato.

El cruce de opiniones sobre política exterior arrojó uno de los momentos más tempestuosos cuando Clinton demandó que Trump condenara las filtraciones de documentos presuntamente orquestadas por Rusia para favorecer al magnate.

«(El gobierno ruso) ha pirateado sitios estadounidenses, cuentas de estadounidenses, de instituciones. Luego le han dado la información a Wikileaks», dijo Clinton, quien calificó a Trump de «marioneta» de Putin y subrayó la situación «sin precedentes» de injerencia de un gobierno extranjero en unas elecciones de EE.UU.

El republicano respondió condenando la interferencia foránea y aseguró, por otro lado, que el gobernante ruso «no tiene respeto» por Clinton.

«Nunca he conocido a Putin. No es mi mejor amigo. Pero si Estados Unidos se llevaran bien con Rusia, no sería tan malo», argumentó Trump, quien dijo que las autoridades rusas han sido «más astutas» que las estadounidenses en la guerra de Siria.

Respecto a este conflicto, Clinton abogó por una zona de exclusión aérea sobre Siria, mientras que Trump criticó su labor como secretaria de Estado por, entre otros resultados, provocar el surgimiento del grupo terrorista Estado Islámico.

Las numerosas denuncias de abuso sexual contra Trump, que han marcado la campaña en los últimos días, también fueron un punto candente y el republicano acusó a su rival Clinton de estar detrás de esas alegaciones.

«Es la única manera. Esas historias son totalmente falsas, ni siquiera le pedí perdón a mi mujer porque no hice nada, no las conozco, quieren fama o fue su campaña (la de Clinton) la que lo hizo», afirmó Trump.

Con una voz más sosegada, Clinton recordó las denuncias que salieron a la luz una vez que apareció un vídeo de 2005 en el que su contrincante se jactaba de poder hacer lo que quería con las mujeres en el plano sexual.

Asimismo, la demócrata aseguró que Trump cree que «denigrar a las mujeres le hace más grande» y apeló a la respuesta de la nación para frenar ese tipo de comentarios ofensivos.

«Creo que depende de todos nosotros demostrar quiénes somos, qué país queremos ser, qué une a nuestro país», proclamó Clinton en uno de sus eslóganes más repetidos.

En el apartado económico, la demócrata defendió el legado del presidente Barack Obama, que «salvó la economía», y defendió subidas de impuestos para las grandes fortunas, mientras que Trump pintó un retrato fúnebre del país, al decir que está «estancado» y que destruye empleo, y prometió crecimientos del 5 % y el 6 % si llega al despacho oval.

En su mensaje final, Clinton afirmó que su proyecto se dirige a «todos los estadounidenses» y dijo que se levantará por las familias frente a los poderosos y las corporaciones.

Para finalizar, Trump recalcó su intención de «hacer grande a Estados Unidos de nuevo» y dijo que el país no se puede permitir «cuatro años más» de políticas al estilo de Obama.