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Muchas son las críticas que han recibido el ministro de finanzas alemán de Christian Lindner y la presentadora de televisión Francha Lehfeldt por la celebración de su boda en la exclusiva isla de Sylt este fin de semana.

Como era de esperarse, al evento concurrieron una gran cantidad de políticos, lo que generó una gran inversión en seguridad por parte del estado. Esto no cayó nada bien a los contribuyentes a quienes el gobierno ha pedido que hagan un esfuerzo y vuelvan a la austeridad para intentar frenar la espiral inflacionista derivada de la guerra en Ucrania; por ejemplo, algunos de los requerimientos fueron acortar el tiempo de las duchas, racionar la electricidad, volver al carbón y utilizar el coche lo menos posible.

La boda tuvo lugar solo un día después del anuncio de tales medidas y son muchos los ciudadanos que se plantean si es lícito que el dinero para pagar este despliegue de seguridad que incluyó traslados en aviones privados de miembros del gobierno, cortes de calles, furgones policiales y hasta perros para detectar explosivos debe salir de las dañadas arcas públicas.