Ridículo de los líderes políticos

Ibiza |

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La cifra de países que no tienen contabilizado ningún caso por coronavirus se pueden contar con los dedos de una mano, y posiblemente debido a que carecen de una infraestructura sanitaria básica capaz de contabilizarlo. Esta circunstancia deja al descubierto el alcance de una pandemia cuya propagación está sorprendiendo a los propios científicos, también en su impacto social. La cifra de fallecidos no deja de crecer hasta ridiculizar a quienes se mostraron más escépticos, incluidos algunos líderes políticos cuya actitud en nada ha servido para contener el problema. La altanería de mandatarios como Donald Trump, en Estados Unidos; Boris Johnson, en Gran Bretaña; Andrés Manuel López Obrador en México; o Jair Bolsonario en Brasil les ha retratado. Todos se han visto en la obligación de tener que rectificar. Al igual que ha sucedido con el Gobierno cuyas previsiones apuntaban a que no habría más que «algún caso diagnosticado».

El caos americano.
El propio Donald Trump ha tenido que admitir como aceptable la cifra de 100.000 fallecidos por coronavirus en Estados Unidos, incluso después de decretar el confinamiento del principal foco de contagio: la ciudad de Nueva York. López Obrador ha aceptado el confinamiento en todo el país, aunque sin especificar las medidas que lo garanticen, y Bolsonaro ya no se refiere al COVID-19 como una «gripecita». Son la prueba de la contundencia con la que golpea la epidemia en su recorrido por todo el planeta, rebasando todas las fronteras y arrasando territorios sin distinción de fronteras, climas o condición social de sus habitantes y dejando en ridículo a sus dirigentes.

Esfuerzo mundial.
El único aspecto positivo de esa gran tragedia que es el COVID-19 es, quizá, la unificación de esfuerzos a nivel internacional para lograr una remedio, una vacuna, que conjure el peligro. Es probable que desde el VIH no se hayan dedicado tantos esfuerzos científicos en tratar de neutralizar un virus tan dañino y tan universal, la única vía para lograr superar esa crisis sanitaria que no tiene excepciones.