Editorial

PCR en origen, una medida insuficiente

Ibiza |

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El anuncio del ministro de Sanidad, Salvador Illa, sobre la exigencia de un certificado de una prueba negativa de PCR a los pasajeros con destino a España, procedentes de países de riesgo, supone un acierto, además de la enésima rectificación de un gobierno desbordado por los acontecimientos. La creación de pasillos sanitarios seguros con los principales países emisores es, sin duda, una buena noticia para el sector turístico, ya que contribuye a frenar la dispersión de la pandemia y generará una sensación de seguridad entre los viajeros que opten por venir a Balears. Ahora cabe exigir el cumplimiento riguroso de los protocolos de seguridad y las correspondientes sanciones de quienes incumplan las normas. El presidente del Consell d’Eivissa, Vicent Marí, lleva reclamando la medida en solitario desde el inicio de la pandemia, lo que le valió ciertas críticas.

Los pasajeros nacionales.
La presidenta del Govern, Francina Armengol, se ha sumado recientemente a una petición desoída de manera sistemática por parte del Ministerio de Sanidad a la que falta añadir el control de los pasajeros, tanto de barco como de avión, nacionales que llegan a Ibiza y Formentera. La incidencia de la COVID-19 en Balears es, por el momento, la mitad que la media estatal. Sin embargo las entradas en los puertos y aeropuertos siguen sin ningún tipo de control sanitario; un riesgo evidente de propagación de los contagios. Desde Sanidad no se ha facilitado ninguna razón para no atender la petición formulada desde el Consolat de la Mar.

Habrá temporada turística.
Con todo, el anuncio de la inminente autorización de una vacuna anti COVID ha abierto la puerta a la temporada turística de 2021, un convecimiento avalado por las impresiones de los grandes operadores turísticos británicos y alemanes; los cuales han confirmado la comercialización sus paquetes vacacionales. La presidenta Armengol vaticinó, en su comparecencia de ayer, que en el mes de marzo del próximo año el índice de vacunación en Balears será ya de un grupo «significativo» de la población. El fin de la pesadilla está más cerca.