Editorial

La adicción a las pantallas, un nuevo riesgo

Ibiza |

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Los datos recogidos en el anuario de la UIB hecho público ayer sobre el consumo de dispositivos electrónicos entre los jóvenes de 10 a 17 años son preocupantes porque evidencian que los teléfonos móviles, las tabletas y las videoconsolas se han convertido en nuevo riego para algunas generaciones. Familias y autoridades sanitarias se enfrentan a un fenómeno de consecuencias desconocidas, al tratarse de un tipo de consumo relativamente nuevo, y, por lo tanto, carecen de la experiencia suficiente para evitar conductas adictivas y, en el caso de no de poder evitarlas, cómo tratarlas.

La motivación frente a la duración.
El estudio se ha hecho sobre una amplia base de alumnos de entre 10 y 17 años de todas las islas. 1.076 alumnos de Primaria y 2.329 de Secundaria respondieron a 37 preguntas sobre sus patrones de consumo. Los datos fueron depurados, tratados y cruzados por la UIB. De ello, se desprende que se trata de una herramienta que refleja una imagen fiel de cuál es la realidad que viven las familias que cuentan con preadolescentes y adolescentes en esas franjas de edad y que, por lo tanto, debe ser tenido en cuenta para extraer conclusiones. Una de las conclusiones es que no es tan crítico el tiempo que pasan los niños y jóvenes interactuando con una pantalla, sino la motivación que les lleva a hacerlo. Debe preocupar que sea mayoritariamente por una sensación de aburrimiento, impropia de esas edades. Se conectan sin motivo y es prácticamente testimonial su uso como ayuda al estudio. También reflejan las respuestas de la encuesta diferente comportamiento en función del género que, sin embargo, no altera sustancialmente la foto fija.

No es saludable.
El uso de las pantallas, según la terminología del estudio, permite desarrollar habilidades y relaciones sociales que, sin duda, son provechosas y que, en sentido contrario, dejan en una situación de desventaja a aquellos que no lo hacen. No obstante, hay determinados comportamientos que merecen una profunda reflexión conjunta, ya que no es saludable que casi uno de cada diez niños pase más de ocho horas delante de la pantalla en fin de semana, un 25% lo haga entre cinco y ocho horas y un 35% entre tres y cinco.