Editorial

Armengol debe ser la presidenta de todos

Ibiza |

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La presidenta del Govern balear, Francina Armengol, demostró ayer en el Parlament que se ha ganado a pulso que sea criticada por ser la presidenta del Govern de Mallorca por sus tics centralistas. En su comparecencia en el Parlament, a petición de la oposición, despreció la dramática realidad que están viviendo los ibicencos y, en menor medida pero nada desdeñable, los formenterenses, al sacar pecho por haber antepuesto «salvar vidas» a «salvar la Navidad» como hicieron «otros» en relación a las medidas restrictivas tomadas en Mallorca durante el mes de diciembre.

Los datos la desmienten.
Los datos de Ibiza y Formentera reflejan una realidad que desmiente una afirmación que puede tener sentido para Mallorca, pero nunca para el conjunto de las Islas Baleares. Tal como reconoció la portavoz del Govern, Pilar Costa, en la entrevista publicada en Periódico de Ibiza y Formentera el pasado domingo y también Armengol ayer en el Parlament, la última desescalada fue excesivamente rápida, lo que supone admitir que el Govern se equivocó al eliminar las restricciones del mes de noviembre que tan buenos resultados dieron y que nos situaron cerca de un destino seguro. Desde el pasado día 26 de diciembre, es decir, hace un mes, las Pitiusas han registrado 16 fallecimientos de los 48 contabilizados desde el inicio de la pandemia, es decir, un tercio del total, cifra que obliga a Armengol a ser más prudente, cuidadosa y respetuosa con los familiares y amigos de los fallecidos. Vila es hoy la mayor de 40.000 habitantes que presenta el índice de contagios más elevado de todo el país, Formentera registró ayer récord de contagios con 27 pruebas positivas y, mientras tanto, Ibiza se mantiene en unas cifras muy preocupantes, ayer otros 322 casos positivos más, lo que deja la cifra de contagiados en 4.007, una cifra muy alarmante, máxime porque sigue creciendo.

Humildad.
No es momento, pues, de presumir de gestión, a pesar de los aciertos, como el cierre tardío de los aeropuertos, ni de comparaciones con otras comunidades, sino de aprender de los errores del pasado, de pedir disculpas por aquellos cometidos y de ser humilde.