Un momento del pleno de junio en el Consell de Formentera.

El secretario del Consell de Formentera ha propuesto disolver la institución y reconvertirla en un ayuntamiento con el único objetivo de que Llorenç Córdoba, que se ha quedado sin gobierno ni apoyos, pueda seguir gobernando. La oposición, si consideramos como tal a Sa Unió, ha rechazado esta idea. Se muestran preocupados por la actitud de Llorenç Córdoba, que hace tiempo que ha dejado de ser medio normal.

Ante el esperpento político que se está viviendo en Formentera coincido con el secretario del Consell que disolver la institución es la mejor de las propuestas, sobre todo porque Sa Unió, PSOE y Gent per Formentera son incapaces de llegar a un acuerdo y echar a Córdoba, que incomprensiblemente aún sigue en su cargo. Desde que el noviembre se supo que quería un sobresueldo, los movimientos políticos de Córdoba han superado el peor de los escenarios posibles.

Recuerdo que a las pocas semanas de estallar la crisis de Formentera este periódico publicó que el presidente del Consell había anunciado la venta de su negocio en la isla. Dicho operación se publicó en algunos portales inmobiliarios. La información era relevante y pertinente porque reflejaba que si Córdoba vendía su negocio era por problemas económicos y, por lo tanto, se vería obligado a vivir de la política y a intentar, como luego trascendió, disponer de más ingresos para mantener el alto nivel de vida de su familia.

Ese mismo día, Córdoba me envió un mensaje preguntándome si yo podía dormir por las noches tras el daño que le había hecho a su familia al publicar esta información. Le contesté que mi descanso solía ser normal y le añadí que yo sabía exactamente los motivos por los cuales había amenazado con dejar de apoyar a Prohens, que en ese momento el PP aún no había querido hacer públicos y no tenía autorización para publicarlo todavía. Sabía perfectamente que a Córdoba le importaba un bledo el tema de los deslindes y también que existían grabaciones con sus aspiraciones económicas. Días más tarde Córdoba arremetió contra este periódico en Radio Illa.

Después de lo ocurrido desde entonces, y ante el desastre protagonizado por Córdoba por su situación económica personal, imagino que el todavía presidente de Formentera debe tener pesadillas todas las noches. Porque no creo que todo lo que está ocurriendo en la isla valga la pena ni por 4.000 euros más al mes ni por 20.000 euros. Ni por todo el oro del mundo las personas decentes y con dos dedos de frente aceptarían estar en el lugar de Córdoba, acorralado, sin apoyos, sin capacidad para gestionar el Consell de Formentera, y creyéndose ser una especie de mesías que tiene el respaldo de la ciudadanía tras ganar las elecciones del pasado año.

Por todo ello apoyo incondicionalmente la propuesta del secretario del Consell (aún no me atrevo a considerarme un fan del funcionario) para que la institución se disuelva, pero no para convertirse en un ayuntamiento. Debe disolverse por la imagen que están dando todos los políticos ante el país, especialmente Córdoba, y por no ponerse de acuerdo para echar de la presidencia a un personaje que ocupará el peor de los capítulos en la historia de Formentera.

Si Cataluña pudo estar varios meses sin gobierno tras la aplicación del 155, ¿alguien cree que Formentera no podría funcionar unos meses sin Consell, que por otra parte está paralizado y sin capacidad de gobierno?

A este paso quedan pocas cosas por ver en Formentera, a no ser que finalmente sean los geos los que tengan que acudir a la institución para echar a Córdoba, algo que no descartaría del todo. Visto lo visto, todo es posible en Formentera.