Hay circunstancias que hacen que el transcurrir de nuestras vidas sea como una de esas películas pesadas y difíciles de ver con un guión deslavazado y complicado que hace difícil seguir el hilo de lo que pretende contarnos. Algo parecido viene a ser el problema de la vivienda en nuestras islas y su hipotética solución. Es una dramática situación que se agrava mes a mes, semana a semana y día a día y que, si volvemos a la comparativa con el cine, con el actual guión difícilmente podremos esperar un final mínimamente esperanzador.

Ante la evidencia del auténtico desastre que dicho problema está suponiendo, cada vez son más los actores que intervienen en el desenlace y casi todos coinciden en que hay que cambiar cosas para superar la debacle que la situación viene provocando y que como sociedad nos machaca con mayor intensidad cada día que va pasando. Pero no sirve de nada que todos admitan el desastre si cada uno pretende que sea su idea milagro, pues la única que puede solventar la problemática sin que se vea el menor indicio de que realmente se busque la forma de trabajar todos en equipo para salvar los obstáculos de forma real y efectiva.

Solo puedo reafirmarme en mi convencimiento de que lo verdaderamente grave de la situación parte del auge del alquiler turístico. Guste o no, es a partir de este nuevo modelo de alojamiento para hacer turismo cuando todo ha ido a peor. Antes coexistían sin problema ninguno la avalancha de visitantes que llegaban, la población de residentes de todo el año y los numerosos trabajadores que en la temporada de verano se desplazaban a nuestras islas para prestar los servicios que turistas y residentes necesitamos.

En su momento, los miles de turistas que nos visitaban se alojaban en los establecimientos hoteleros construidos específicamente para tal actividad y estaban claramente diferenciadas las instalaciones turísticas de las viviendas residenciales. Fue a partir de que empezaran a autorizarse las denominadas viviendas vacacionales cuando todo acabó yéndose al traste y haciendo que el sistema colapsara, conduciéndonos al dramático caos actual.

Nunca debería haberse permitido que lo que siempre habian sido viviendas como tal empezaran a comercializarse como actividad turística. Su alquiler siempre debería haber estado sometido a una clara y efectiva ley de arrendamientos urbanos, impidiendo que pasaran a ser de repente y sin más instalaciones turísticas. Pero de aquellos polvos vienen los lodos en los que a día de hoy nos movemos o, mejor siadas personas se ven obligadas a arrastrarse.

Ante una situación dramática ya solo cabe pensar en tomar medidas drásticas y efectivas. Si bien las Pitiusas son unos de los puntos donde la situación ya es más preocupante, lo mismo viene ocurriendo en otros lugares con ingentes cantidades de turistas. Y solo cuando ya han empezado a aparecer víctimas de la situación, como ocurre con un rebaño atacado por los lobos, se han empezado a tomar medidas en algunos lugares. Seguramente les sonara la prohibición de comercializar turísticamente las viviendas residenciales, aprobadas recientemente en ciudades como Nueva York o Barcelona.

Y aquí surge la polémica sobre si un propietario de un piso puede sacarle algún rendimiento o no. Pero es una polémica trampa. Claro que un propietario tiene derecho a comercializar su vivienda, pero ello no debería darle derecho a especular con esa propiedad utilizándola para una actividad muy distinta para la que inicialmente fue concebida. Debería quedar muy claro desde el punto de vista legal para qué es y para qué sirve cada bien inmueble. Todo el mundo tiene derecho a sacarle un rendimiento a sus bienes, pero dentro de una lógica muy alejada de toda actividad especulativa.

Ahora bien, lo cierto es que en los lugares en los que ha habido que imponer medidas drásticas, y en las Pitiusas son ya más que necesarias, la posible efectividad de las mismas quedará siempre en el aire. De poco sirven las sanciones económicas, pero es que otro tipo de medidas en unos casos tardan una eternidad en que puedan ser autorizadas y en otros no pasan de ser meros anuncios de cara a la galería y acaban siendo meras campañas políticas.

Estamos ya en el mes de julio, con miles de alquileres turísticos ilegales. ¿Alguien conoce alguna de estas viviendas que, tal como se anunció el año pasado que ocurriría de forma inminente, haya sido precintada? Ni una sola. Se sigue con los expedientes sancionadores totalmente ineficaces y que no disuaden a nadie. Y no podemos olvidar que, por ejemplo, en el municipio de Vila el alquiler vacacional en plurifamiliar está prohibido.

Conclusión, que de nada sirven las medidas que se anuncian y no llegan. Del mismo modo poca utilidad tienen las que se aprueban, mientras siga sin haber el suficiente número de inspectores para ponerlas en práctica. Finalmente solo se trata de mucho ruido y pocas nueces y mientras los asentamientos ilegales siguen apareciend