OPINIÓN | Miquel Payeras

El último tabú

| Eivissa |

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Hasta ahora se había mantenido, mal que bien, la última de las prácticas de la buena política que quedaba vigente: no meterse en casa ajena más de lo que la costumbre del teatro del oficio permitía o aconsejaba. Los dirigentes de los partidos procuraban no superar esta frontera. No se montaban operaciones públicas para alterar el orden interno de otra formación. No por fair play ni nada por el estilo, no. Por puro egoísmo. No me hagas hoy lo que yo podría hacerte mañana. Las OPA hostiles no entraban en el juego, por lo demás ensuciado durante décadas. Todo ha cambiado en los últimos meses. El primero en romper la regla fue Pablo Iglesias, en su obsesión por dinamitar el PSOE. Le siguió Albert Rivera en relación al PP. Y al final Mariano Rajoy y Pedro Sánchez hicieron lo propio provocando un todos contra todos del que ha salido el actual panorama. Marcado precisamente por la ausencia de toda norma que regule la justa. Ni siquiera la citada antes queda ya. Rajoy y la cúpula del PP se han lanzado a la captación, o compra, de traidores en el seno del PSOE con una ferocidad lobuna como nunca se había visto. La presión para que los socialistas se suiciden invistiendo a Rajoy ha superado todo límite razonable. Ha entrado en el terreno de la desesperada locura. Se entiende cada vez menos esta forma de actuar del PP. Incluso si el objetivo final, como parece y como tantos empiezan a dar por supuesto, es la convocatoria de nuevas elecciones dando la culpa de su decisión al voto negativo socialista a la investidura, creyendo que así saldrá reforzado, es una grave equivocación. No es propio de alguien inteligente hacer votar a los ciudadanos el día central de las fiestas de invierno, obligando a miles de ellos a atender sus deberes cívicos en las mesas electorales cuando deberían estar compartiendo viandas en las mesas familiares. El resultado podría ser una amarga sorpresa. En todo caso, pasase lo que pasase en urnas y las haya o no el PP ha roto el último tabú de la decencia que quedaba en política al intentar reventar, y de una manera tan zafia, el PSOE por dentro.

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