OPINIÓN | Lucas Ramón Torres, sacerdote

Domingo 8º T.O. ( Mt, 6,24-34)

| Eivissa |

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El Evangelio nos enseña que debemos confiar siempre en la Divina Providencia. El Señor nos exhorta a vivir con serenidad cada jornada. Lo importante, lo que está en nuestras manos, es vivir cara a Dios y con intensidad el momento presente. En el nº 253 de “Camino” leemos: ”Pórtate bien ahora, sin acordarte del ayer, que ya pasó, y sin preocuparte del mañana que no sabes si llegará para ti”.

Nunca debemos vivir agobiados por las vicisitudes de la vida, hemos de vivir con esperanza y serenidad, sabiendo que nuestro padre Dios no abandona a nadie. Recuerdo una madre que quedó viuda con cuatro niños pequeños, tuvo que luchar mucho en la vida, muchos sufrimientos, quebrantos y desvelos para llevar adelante su familia, pero al fin sus esfuerzos se vieron recompensados. El Señor no desampara a nadie. Con sencillos ejemplos y comparaciones, tomados de la vida cotidiana, inculca que debemos abandonarnos en las manos de Dios.

Contemplad los lirios del campo como crecen. Fijaos en las aves del cielo que no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros, y vuestro Padre Celestial las alimenta. ¡ Cuanto más a vosotros, hombres de poca fe!.¿ Quiere decir Jesús que debemos esperar que todo caiga del cielo? .No. Quiere decir que debemos trabajar y esforzarnos como si todo dependiera exclusivamente de nosotros; pero con aquella confianza, con aquella seguridad del que sabe que todo se nos concede providencialmente. Todo es para el bien de los que aman a Dios y en Él confían.

Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. La justicia del Reino de Dios aparece como la vida de la gracia en el hombre. La búsqueda de la santidad es lo primero que se debe intentar en esta vida: Venimos de Dios, y a Dios volvemos. Pero de hecho hay muchos que no ponen a Dios como su fin último, sino a las riquezas,el dinero, el poder. Todo ello se convierte en su dios. El hombre no puede dividirse entre dos fines absolutos y contrarios. En la escala de valores no puede existir una dicotomía. La única verdad absoluta es Dios.

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