OPINIÓN | Mariano Planells

Por San Juan, sardinas a la brasa

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Por San Juan, el compañero ya desaparecido, el periodista Juan Ramón de la Cruz reunía a sus amigos en La Mola donde asaban un cesto de sardinas frescas, mientras en los alrededores se iban encendiendo algunas hogueras para saltarlas y librarse así de los malos augurios y de los maleficios que te pudieron haber caído a lo largo del año. Que contra los periodistas no suelen ser pocos.

Las hogueras eran habituales en Menorca, porque aquellos talayóticos vivían en cuevas, de hecho los fenicios la denominaron Nura, ‘Tierra de fuegos’. Pero en La Mola y gran parte de Formentera también se encendían en las noches de luna llena, en un rito bien extendido ya en el Neolítico, pero que incorporaron las legiones de hippies de finales de los sesenta. Con música acústica y el inconfundible aroma de los porros, que pasaban de mano en mano. No necesariamente en San Juan, sino en tiempos más fríos. En realidad, la noche del 23 de junio ya suele hacer un calor húmedo que no llama a las fogatas.

Los ibicencos tenían muy claro que el día de San Juan había que rendir cuentas. Es una fecha agrícola, rural, rústica, donde los contratos se resolvían de manera previamente pactada. No solía haber trifulcas, salvo las que levantaban las pavesas y el alcohol escanciado con exceso. En realidad, en los tiempos sobrios de nuestra pobreza no había desacuerdos ni imprevistos. Los payeses de Ibiza tenían muy bien pautada cualquier contingencia en nuestro Derecho Foral (que por cierto no sé qué habrá sido de el, tras el paso por las pulidoras manos jurídicas mallorquinas).

Ahora es un poco diferente. Los juristas mallorquines han mutilado nuestras antiguas leyes y normas y los catalanistas han uniformado nuestro lenguaje milenario para encajarlo en el feo dialecto barcelonés. O al menos lo han intentado. De todas formas, la hermosa riqueza del ibicenco estribaba en su mayor parte en un lenguaje rural muy específico. Ahora al desaparecer aquellas herramientas y labores, las palabras caen en desuso. Nadie las emplea. Pero viva San Juan.
@MarianoPlanells

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