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Los periodistas no podemos ocultar la realidad ni tergiversarla a nuestra conveniencia, en un ejercicio de lo que ahora se llama la posverdad, equivalente a mentira, manipulación propagandística para conseguir un objetivo, generalmente político, apelando a las emociones y a las bajas pasiones, que suelen concluir en un cultivo del odio contra el español y España en este caso.

Pues que no cuenten conmigo los fanáticos catalanistas profesionales. No lo he hecho nunca y no voy a empezar ahora. Incluso podría llegar a explicar que si en algún momento se me ha ido la mano ha sido en ayuda del catalán y ello ocurrió a primeros de los años 70, sí, en tiempos de Franco.

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Así que guárdense sus lecciones.
Esto viene a cuento por algunas ácidas reacciones a mi último artículo, ‘El catalán recula’ (https://periodicodeibiza.es/opinion/opinion/2017/11/12/306441/catalan-recula-cesar.html). Solo me hice eco de las palabras de los mandarines y de algunas conclusiones de la encuesta de Usos Lingüísticos. El mismo presidente del catalanista Institut d’Estudis Eivissencs lo remarcó de forma casi dramática: La lengua catalana retrocede en su uso...»Cuando los propios hablantes de una lengua son los primeros a desprestigiarla escondiéndola, renunciando a hablarla y a transmitirla a sus hijos, esta lengua se pierde» , Mayans (DI, 16-08-2017).

Otro viene a solicitar por milésima vez recuperar el uso normal del catalán. En Ibiza no se puede recuperar esto, porque el catalán nunca se ha hablado. En todo caso, el uso normal de lenguas debiera ejercerse en las escuelas, o sea en español e ibicenco como lenguas vehiculares. Ahora el español está arrinconado con dos horitas semanales, como si fuera una lengua extranjera.

Así que el catalán no solo recula sino que además renquea.
@MarianoPlanells