Opinión/Vicente Juan Segura. Obispo de Ibiza y Formentera

Fiesta de los abuelos

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El próximo jueves, día 26 de este mes de julio es la festividad de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, y por tanto erab abuelos de Jesús, y por eso, desde hace unos años en esa fecha también se viene celebrando ‘El día de los abuelos’. Os invito a tener en este día un recuerdo muy especial para los abuelos, y yo lo hago con los tres que tuve y disfruté mucho por todo el bien y las enseñanzas buenas que me hicieron.

Mis abuelos murieron con muchos años de vida terrena. Hoy en dia muchos niños y jóvenes tienen la suerte de tener abuelos y por eso, esa fiesta de San Joaquin y Santa Ana es una fecha muy apropiada para recordar a nuestros abuelos que tuvimos y los que los tienen es un día propicio para mostrarles afecto, reconocimiento y gratitud, rindiéndoles homenajes por el servicio que hacen a la vida de sus nietos. Los abuelos nos recuerdan que la familia sigue siendo de lo más grande que se tiene: ella es la base y el cimiento de nuestra sociedad.

Los abuelos deben sentirse y ser protagonistas en nuestras familias, en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia. El Papa Francisco recuerda en sus alocuciones a los abuelos como custodios de sabiduría, de valores y de bondad; por ello, nos dice que «un pueblo que no respeta a los abuelos, no tiene futuro, porque no tiene memoria, ha perdido la memoria». Los abuelos quedan a menudo en la periferia pues algunos ancianos muchas veces no cuentan, son muchas veces aparcados, porque son una carga o un fastidio. En una sociedad que valora sólo la utilidad o la juventud, olvida la «sabiduría del corazón» que representan los años.

El recuerdo agradecido de nuestros abuelos y las muestras de amor hacia ellos es ante todo un acto de justicia: es reconocerles la dedicación, los sacrificios y los cuidados que ellos tuvieron para con sus hijos. El respeto y el cariño hacia nuestros mayores debería ser algo connatural a nuestra sociedad, ya que la figura de los padres de nuestros padres está presente en la memoria de nuestra infancia. Los abuelos no pueden ser arrinconados ni en nuestra sociedad y por supuesto que tampoco en nuestra Iglesia.

Ellos son punto de referencia de nuestros primeros pasos, de nuestros primeros juegos, de nuestros primeros actos de toma de conciencia, de nuestras primeras alegrías, de nuestras primeras reprimendas, de nuestros primeros cumpleaños y de tantos y tantos momentos inolvidables en nuestros primeros años de vida.

Los padres muchas veces a causa de sus trabajos encomiendan a los abuelos el cuidado de los niños: levantarlos, llevarlos al colegio y recogerles del mismo, darles de comer o merendar. Infinidad de veces, los abuelos hacen las funciones de padres con todo amor y dedicación: van educando a sus nietos con la ternura que se merecen, a fin de que descubran la vida sin traumas y sin complejos; les ayudan en todo lo que pueden, mejorando, incluso aquellas cosas, que saben por experiencia, que han de hacer de otra manera, recordando los errores que tuvieron con sus propios hijos. Por todo esto y por mucho más creemos que los abuelos se merecen un sitio especial en los corazones de los hijos, en la familia y en la sociedad.

Queridos abuelos: ¡Qué importante es vuestra tarea! Valoradla y tratad de seguir respondiendo con generosidad a lo que el Señor os encomienda. El Señor cuenta con vosotros. La Iglesia os lo agradece sinceramente. Y vuestros nietos os recordarán muchas veces en su vida y os agradecerán lo que hacéis por ellos.

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