Opinión/Montse Monsalve, periodista

Goethe en Ryanair

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Decía Goethe que cada día deberíamos oír un poco de música, leer una buena poesía, contemplar un cuadro hermoso y, si es posible, decir algunas palabras sensatas. Una frase que debería tatuarse el propietario de la aerolínea irlandesa Ryanair, Michael O’ Leary, quien no deja de sorprendernos por sus comentarios, acciones y estrategias estrafalarias y grotescas. Dudo que siga esta práctica que lo convertiría en alguien más elevado, puesto que cada vez que abre la boca demuestra su desconocimiento abrupto de lo que significa el sentido común, poniendo de manifiesto que, en su caso, no es el más común de sus sentidos.

Si viviésemos en Burgos tal vez las salidas de tono de este ejemplar nos afectarían menos e, incluso, nos parecerían graciosas, pero cuando resides en una isla en la que su aerolínea transporta a casi dos millones de pasajeros al año, situándose en la que más frecuencias gestiona, la risa se te atraganta. Tras la reciente huelga que afectó a más de 120.000 personas a quienes, por cierto, afirma que no tiene intención de indemnizar, planeando ahorrarse “por la patilla” los 33 millones de euros que se estima debería abonarles, la compañía ha lanzado esta semana una nueva noticia bomba: cobrará a partir de noviembre el equipaje de mano. No contento con esto, añade que este deberá facturarse antes de pasar el control. Nada que no nos temiésemos ya desde enero, fecha en la que instauró la obligatoriedad de bajar las maletas a bodega si no comprábamos billetes con prioridad. Aunque las organizaciones de comerciantes Ocu y Facua están en contra de esta medida, que consideran «abusiva», la realidad es que, como siempre, hará lo que le dé la gana, ya que parece que en este país las compañías aéreas tienen «derecho de pernada» con los pasajeros sometidos a todas las «perrerías» que quieran hacernos.

La solución para algunos es sencilla: no volar con esta low cost u otra, pero la realidad, cuando no hay muchas más opciones en algunos casos y vives aislado por otro medio, es que en esta tierra nos toca practicar la teoría del alioli: ajo y agua.

Desde su nacimiento en 1985 esta aerolínea ha protagonizado titulares más propios de El Mundo Today que de una empresa seria, tales como rechazar embarcar a un niño que iba a ser trasplantado, por si le pasaba algo, publicar calendarios de sus azafatas ligeras de ropa, ser la primera compañía en cobrar por todos y cada uno de los servicios que presta, exigir llevar la tarjeta de embarque impresa, con cargos de hasta 80 euros si no se entrega, limitar el peso del equipaje, o ahorrar tanto en combustible que muchos de sus vuelos han tenido que efectuar aterrizajes de emergencia por este motivo. Despresurización de cabinas, aterrizajes forzosos de película, eliminar retretes de sus aviones, viajar con garrapatas como compañeros de asientos, evasión de impuestos, publicidad y rifas a bordo o utilizar a políticos, reyes o al Papa en sus campañas de marketing son algunas de las noticias de las que hemos tenido conocimiento.

El presidente de esta compañía, Michael O’ Leary, ha llegado a anunciar que proyectaría películas porno en sus vuelos y que incorporaría un servicio de camas gratis y felaciones, y a regalar billetes de avión a 200 andaluces a cambio de que contasen chistes sobre catalanes. No en vano son muchos los casos en los que sus pasajeros llegan tan borrachos a nuestras islas que son incapaces de desembarcar y en los que agreden al pasaje o a azafatas. ¿Quién de nosotros no ha perdido un vuelo o ha sufrido alguna tropelía por parte de esta compañía asumiendo que lo barato sale caro? Gente consumiendo drogas en sus asientos, gritando o cantando a grito pelado y disfrutando de sexo sin remilgos en pleno vuelo, son el pan nuestro de cada día, mientras su cabeza visible aplaude al otro lado de la puerta.

Ryanair cumple 33 años este 2018 y, a pesar de esta cifra tan evocadora no tiene visos de resucitar, al menos a la cordura. ¿No creen que ha llegado el momento de plantarle cara?

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