José Luis Sánchez, coordinador Actúa-VOX Pitiusas

Ibiza no bajará tu IBI. Quiere hacerte feliz.

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No les tomo el pelo con el titular «Queremos que los ciudadanos estén orgullosos de pagar impuestos». Con esta frase lapidaria describe la concejal socialista Estefanía Torres su método para lograr nuestra felicidad.

Vila y Consell baten récords en recaudación tributaria y gasto. Con presupuestos que pasan de los 50 y 100 millones de euros respectivamente, el récord es inversamente proporcional al de su mala gestión, suciedad, prohibiciones y abandono.

En qué gastan nuestros dineros dan una idea los viajes, subvenciones y otros cien nuevos funcionarios para la elefantiásica Administración de una pequeña isla con 150.000 habitantes. Mientras Jerez solo tiene un ayuntamiento para 200.000 ciudadanos, aquí mantenemos seis ayuntamientos y dos consells, uno revestido de mármol travertino, como gustaba a Calígula. Viva el vino, ¡pagas tú!

Lo explica esta frase: «El dinero público no es de nadie». Carmen Calvo, hoy vicepresidenta de un manirroto gobierno, es el espejo en Baleares. Estefanía, responsable de Hacienda y Economía en el Ayuntamiento de Vila, espera que estés orgulloso por convertir tu municipio en el más caro, sucio, caótico e intransitable. Pronto también el más ruinoso.

Camine usted por la Marina: comercios cerrados, quebrados o en traspaso desde la pastelería Vadell al último cabaret en la calle de la Virgen -donde prosperaba nuestra floreciente comunidad gay-, percibes el desastre de una política basada en la ideología del experimento sociológico.

Restringir sin parkings alternativos el acceso a la Ibiza más glamurosa, la laberíntica Marina, Dalt Vila y Vara de Rey son la razón. Despreciaron el coche, medio de transporte del 80% de turistas e ibicencos. Sin parkings alternativos, los ingreso por visitas a la ciudad cayeron hasta asfixiar por deudas e impuestos a «los que nos tenemos que sentir orgullosos» de pagar el IBI más caro. Y con orgullo o sentimientos no se pagan impuestos.

Gestión por ideología mientras la suciedad ahogaba el último turismo del puerto: los megayates. No volverán. Amarrar por 10.000 €/día entre el hediondo olor a detritus y ratas en las aguas del puerto más caro del mundo no es ni VIP ni decente, es de juzgado de guardia.

Para bordarlo, decidieron que los yates fueran perseguidos y señalados mediante el decreto de protección de la posidonia. El 90% de los fondeos se realizan en arena y siempre en la zona de Illetas, Cala Sahona, Cala Jondal y Salinas, es decir en apenas el 0,13% del total de los 13 millones de metros cuadrados que comprende el Parque Natural de ses Salines.

La cacareada integración populista del «cabemos todos» sería fondeos ecológicos -hay decenas de empresas especializadas en la materia-. Optaron por pasar del diálogo al decreto de quienes te llamarán «totalitario y fascista» si decretas tú. Y así, «para integrar» se publicó la prohibición el mismo día en que aparecía el buque «Raimbow Warrior» de GreenPeace en Ibiza, que prevenido con tiempo, iniciaba la cacería, persecución y señalamiento del nuevo delincuente, los ricos. Resultado: No volverán.

No se trataba de proteger nada, era demagogia «verde» contra las embarcaciones más limpias, modernas y ecológicas, a las que no se dio un fondeo alternativo, solo pasto populista para el votante marxista-leninista, quien de nuestros 220 kilómetros de costa elige la lujosa y recién reformada villa de Vladimir en Cala Compte para ejercer su derecho al baño. «Sí se puede».

PROU, dicen algunos. Muy pronto lo diremos muchos, como en Andalucía tras 36 años de gobiernos «progres». Bienvenidos al progreso.

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