Las imprudencias afectan a todos

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Con la Navidad a la vuelta de la esquina y las habituales comidas y cenas de empresa que tendrán lugar estos días, la Dirección General de Tráfico inició esta semana la campaña especial de controles de alcohol y drogas en las carreteras del conjunto del Estado. Una campaña que, pese a que se repite año tras año y se anuncia a bombo y platillo por las radios y televisiones, no sirvió para que el año pasado se redujeran los accidentes de tráfico, así como las personas que perdieron la vida en las carreteras. Así, la campaña concluyó el año pasado con 46 fallecidos, un 21% más que el año anterior. Según los datos de 2017, más de 300 conductores son sancionados cada día por dar positivo en los controles de alcoholemia y sustancias estupefacientes. Durante la semana del 11 al 17 de diciembre, se detectó que 2.163 conductores de un total de 126.059 habían bebido alcohol o consumido algún tipo de droga. Las cifras son preocupantes si tenemos en cuenta que más del 40% de los conductores fallecen tras haber tomado alcohol o drogas antes de ponerse al volante. Lo más sorprendente es que, pese a que la DGT invirtió más de 14 millones de euros en sensibilización y dotación de mayores y mejores recursos a los agentes, dos de cada tres españoles desconocen cuáles son los límites de alcohol permitidos a la hora de conducir. Hay varias variables que influyen, pero el límite se suele establecer en dos tercios de cerveza, dos vasos de vino, dos vasos de algún tipo de licor (depende de la graduación) o dos combinados. Por separado, claro. En las mujeres se suele fijar el límite en solo un tercio, vaso de vino, licor o copa, pero ello también depende del peso y la altura. La conducción temeraria tiene consecuencias letales, no solo para los conductores bebidos o drogados, sino también para el resto de vehículos que circulan por las mismas carreteras.

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