Opinión/Jesús García Marín

Greguería de Ibiza

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La política, en esta época tan cutre por cierto, lo anega todo y nos olvidamos de un tema que debería ser medular: la cultura. Es mucho lo que queda todavía por investigar y recoger de Ibiza fuera de Ibiza.

Como botón de muestra señalemos hoy un breve artículo publicado en el periódico nocturno-madrileño La Nación el 14 de octubre de 1929 titulado Postal de Ibiza, su autor es nada menos que Francisco Ramos de Castro (1890-1963), dramaturgo y poeta a su manera porque fue discípulo del incorregible Ramón Gómez de la Serna.

Ramos debió andar por Ibiza la primera semana de octubre del 29, aunque de su paso por las Pitiusas apenas está de momento documentado. En Ibiza se le ocurrió un texto juanramoniano que comienza así de rotundo: «La cinta del puerto, sucia de faroles, / de mesas absurdas, de fardos, de cosas…/ se pasa y nos cogen las casitas blancas / y encaladas como nidos de gaviotas».

Le gustó mucho, como suele suceder, la arquitectura tradicional ebusitana porque añade lo siguiente: «Casas ibicencas, que son como sábanas / verticales, limpias de la humana pompa / con sus seis peldaños antes de la puerta / y tras ellos una tela misteriosa». Describe Vila desde el castillo hasta la base del montículo, y otra cosa que encandiló a nuestro dramaturgo y poeta a ratos fueron las isleñas: «Mujer ibicenca, / con la falda larga que hasta el suelo toca, / fugitivo el rostro del pardo pañuelo / bajo el que la trenza larguísima asoma (…) mujer ibicenca, la del gesto austero, / de rostro amasijo de leche y rosas, / de la boca limpia, vivero de risas (…) viéndote los ojos, tan puros, tan claros, / y en ellos se prenden las almas absortas». Así se las gastaba el tal Ramos.

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