Opinión/Jesús García Marín

Bauzá en la farmacia de guardia

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Me he topado varias veces en Madrid —él siempre va pegado al móvil— con quien fuera, por lo menos para mí, el mejor presidente que ha tenido Baleares y que tuvo que salir cual gato escaldado por defender cosas tan cabales como que junto a la lengua propia de las Islas, se intentara que en los colegios los estudiantes escribieran bien en castellano (por lo menos que no lo hicieran con faltas de ortografía y sintaxis como lo hace el alcalde palmesano Noguera) y que por lo menos ya de pequeños comenzaran a balbucear la lengua más importante del mundo. Intentar poner en práctica eso era malísimo para la progresía. Por otra parte, Bauzá pensaba que Baleares no es un apéndice de Cataluña, sino un ente en sí mismo, vaya por Dios. Muchos empezaron a mesarse los cabellos (¡pero este tío que se habrá creido!, ¿de qué va?). Durante su mandato ningún atisbo de turismofobia (recordemos que el sector del ocio genera el 35% del empleo en Ibiza). Dejó a la gente alquilar su propiedad a quien le diera la gana y logró durante su legislatura que nuestra autonomía se recuperara de una crisis muy profunda. Pero, además, Bauzá acaba de dar una lección, incluso a la señorita Cristina Ribas de Sant Antoni. Y es que cuando no estás de acuerdo con tu partido, les devuelves el carné y dejas el escaño de senador, que es un cargo muy apeticible, apenas se trabaja, se cobra un montón de pasta y se vive muy bien. Además, hay buenos restaurantes en torno al Senado. Bauzá dice que se vuelve a la farmacia que tiene en Marratxí (Mallorca), pero a mí me da que se vuelve solo durante un periodo corto, a hacer un par de guardias mientras elucida su futuro político.

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