Opinión/Jesús García Marín

La deuda histórica con Ibiza

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Cuando ese hombre del Renacimiento que es el tesinando, defensor solapado de dictaduras de izquierda, pasajero de Falcon de primera clase (al parecer sin partida de güisqui), también relator de relatores y ahora resistente de las Españas (va a publicar un «Manual de resistentes», libro que de entrada ya huele a bodrio y que en realidad, al parecer, supuestamente, es en realidad un largo dictado. Cuando, decía, Sánchez, en sus presupuestos generales del Estado, apenas incluye partidas económicas para Baleares, y eso que en nuestra comunidad gobierna su camarada y baronesa Francina Armengol, y de esas partidas lo que va a llegar a Ibiza será pírrico y encima las Pitiusas tienen que soportar el centralismo autonómico de Mallorca, lo recordó el otro día en este periódico el doctor Antonio Pallicer, que es partidario de volver al Insalud. El abandono presupuestario de las Pitiusas no es algo que venga de ahora, es algo histórico, bien es verdad que por suerte en los años actuales Ibiza más Formentera son islas muy ricas que no necesita para vivir ni a Sánchez ni a Armengol ni a Balti, ni a los tránsfugas de marras, funcionan por la propia inercia y dinámica de sus habitantes y emprendedores. Todo esto lo digo porque la dejación que han tenido las dos administraciones centrales (ahora las dos son sanchistas) con Ibiza y a Formentera es histórica y de lo más habitual. Como botón de muestra un artículo que apareció en el periódico matritense El Sol (1929) en él se indica «el abandono en que el Estado tiene a la isla, sin buenos servicios públicos, está a merced de sus propias fuerzas. Casi todo lo que ha querido tener ha tenido que costeárselo y como la riqueza no es mucha, todo está atendido humildemente. Es hora ya de que Ibiza, por ser isla que exige autonomía de servicios, sea atendida».

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