Opinión/Jesús García Marín

El expolio arqueológico

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Recientemente se han encontrado once sables de coraceros franceses (c.1815) en aguas de Formentera. La Administración ha estado atenta y se podrán ver relucientes y museizados en Balears. Desgraciadamente no siempre fue así. Hubo arqueólogos que se fueron cargados de arqueología, por ejemplo Josep Corominas Roca (1916-1925) que excavó para el Govern de la Mancomunidad de Catalunya y el Institut d’Estudis Catalans algunos talayots de Mallorca y se largó de la Isla a tope de piezas, algunas se pueden ver en el Museo d’Arqueologia de Catalunya. Sorolla también conseguía piezas, algunas están en su magnífico Museo de Madrid, aunque el caso más impresionante es el de otro gran pintor, el barcelonés Santiago Rusiñol (1861-1931) que pintó mucho y bien en Mallorca e Ibiza, y excavaba en Ibiza como Pedro por su casa, con la venia del arqueólogo oficial de allí, Carlos Román. En uno de sus viajes ebusitanos, Rusiñol se volvió a Catalunya por Valencia con un porrón de terracotas y piezas púnicas, hasta el punto que el periódico Las Provincia daba la noticia de que el 22 de marzo de 1913, el pintor había llegado a Valencia procedente de Ibiza, donde había estado «haciendo interesantísimas investigaciones sobre el arte primitivo de fenicios y griegos. Santiago Rusiñol trae consigo bellísimos objetos, curiosos objetos de aquel arte que floreció hace miles de años», algunas de esas piezas se pueden ver en la casas-museo del artista en Cau Ferrat (Sitges). Las fotografías de las mismas acaban de ser digitalizadas en el portal de alta definición Google Art&Culture. De los tejemanejes arqueológicos en las Pitiusas y sus trapicheos trataremos en profundidad y en Periódico de Ibiza próximamente en sendos reportajes: Rusiñol, Juan y Carlos Román, Vives Escudero y lo que te rondaré morena.

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