El análisis/Agustí Sintes

La institucionalización de la anormalidad

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La presentación del primer proyecto de presupuestos del gobierno de PP y Ciudadanos en el Consell d’Eivissa ha servido para que la opinión pública ibicenca conozca que para los consellers del Govern durante la pasada legislatura no solo era una placer viajar a Ibiza para zamparse un delicioso bullit de peix. También era un chollo para el bolsillo de sus departamentos. Y es que los usos y costumbres del anterior gobierno de PSOE y Unidas Podemos merecen, cuando menos, una profunda reflexión y cuando más, una profunda reprobación.

A pesar de que el Consell es una administración financieramente débil, muy débil, que no tiene apenas ingresos directos y los ingresos indirectos que recibe de otras administraciones, principalmente el Govern balear a través de la Ley de Financiación de los Consells, y, en menor medida, del Estado como administración local, están destinados a cubrir a duras penas sus competencias propias, se comprometió cual manirroto a financiar inversiones que no son de su competencia. La Escuela Oficial de Idiomas, la depuradora de Portinatx, la Escuela de Hostelería, un centro para el Ibanat, un centro para la UME, viviendas de protección oficial para funcionarios fueron algunos de los titulares que al mismo tiempo que servían para alimentar el ego de Vicent Torres ahogaban al Consell por años. Si no fuera porque la suma alcanza la friolera de un mínimo de 33 millones, sonaría a chiste.

Vicent Torres pagaba con alarmante alegría las facturas de otros. Es el mundo al revés. El pobre pagando los gastos del rico. La Comunidad Autónoma gestiona casi 6.000 millones de euros al año frente a los 90 del Consell, es decir, un 0,015%, cobra una parte del IVA y del IRPF, tiene transferidos impuestos como el de transmisiones patrimoniales y el de actos jurídicos documentados, entre otros. Si no le bastan estos ingresos, se puede sacar de la manga ecoestafas para disponer de 120 millones de euros al año más al año para gastar en metros que no usa nadie pero queda muy progre. Todo ello, sin olvidar que cobra el canon del agua que pagamos todos a través del recibo del agua. Canon que tiene la capacidad de subir, al igual que también cobra y puede subir los alquileres de los pisos que alquila, las tasas portuarias y las concesiones en los puertos que son de su competencia, que son muchos, sin ir más lejos. La lista de capacidades financieras es larga.

Tanto que si necesita más ingresos porque tiene que alimentar el incremento del 16,5% en altos cargos, también puede hacer como Bauzá e inventarse unos cuantos impuestos más.

Sin perjuicio del debate sobre la financiación del Estado que merece la Comunidad, no hay duda que el Govern es en comparación con el Consell el hermano rico, un portaaviones al lado de un llaüt.

Tanto es así que es el Govern el que debería ayudar al Consell a financiar proyectos de esta institución y no al revés como había venido haciendo de forma muy irresponsable el Consell de Vicent Torres. Las depuradoras, el Ibanat y los centros educativos los ha de pagar el Govern y las viviendas para funcionarios y el edificio de la UME, el Estado, sin perjuicio de una deseable colaboración e implicación razonable del Consell y los ayuntamientos.

El sinsentido adquiere tintes mayúsculos cuando las comparaciones demuestran una vez más que son odiosas. Cómo no, nos topamos con uno de los males con los que hemos de lidiar a diario: el centralismo mallorquín aunque se vista de federalismo interior centralismo mallorquín se queda. Da igual que sea Francina Armengol o cualquiera de sus predecesores. Es una mal endémico.

¿Ha cofinanciado en alguna ocasión el Consell de Mallorca una inversión que le corresponde al Govern en Mallorca? Como, seguramente, ya habrá adivinado, la respuesta es no. No, ni por asomo.

Es más, a ningún presidente o conseller del Govern se le ocurriría sentarse con la presidenta del Consell de Mallorca para pedirle su colaboración para la escuela de hostelería, el centro del Ibanat, la escuela de idiomas, el observatorio turístico, una depuradora… Las carcajadas del inquilino de turno del Palau Real serían históricas.

No solo no financia lo que es competencia del Govern, como es lógico y prudente por otra parte, es que tampoco participa el Consell de Mallorca en proyectos emblemáticos y estratégicos que abarcan más de un municipio como la reforma de la bahía de Palma, como sí ha sucedido aquí con la reforma de la bahía de Portmany.

Costará desmontar la anormalidad que se había institucionalizado.

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