Opinión | Agustín Sintes

El agua, estúpido

| Ibiza |

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La economía, estúpido» es una frase célebre en Ciencias Políticas. Se le atribuye a James Carville, asesor de un Bill Clinton que no tenía nada que hacer para derrotar a un George Bush padre, victorioso después de la primera guerra de Iraq, con lo que le gustan las guerras al pueblo norteamericano. Colgó un cartel en sus cuarteles generales que decía tres cosas, «cambio vs. más de lo mismo», «la economía, estúpido» y «no olvidar el sistema de salud». Finalmente, la «economía, estúpido» acabó siendo el eje de toda la campaña y, por lo tanto, de la victoria contra pronóstico de Clinton. El resto de la sórdida historia la conocemos todos.

En Ibiza, o mucho cambian las cosas o el agua monopolizará el debate. El problema ya está aquí y no hay razones para pensar que vaya a mejorar por generación espontánea. Más bien al contrario porque cada vez llueve menos.

La Comisión Balear de Medio Ambiente, que depende del Govern balear, se está poniendo las botas de retrasar desarrollos porque no está garantizado el suministro de agua. El mismo Govern en lugar de ponerle remedio, no solo se niega a ampliar las desaladoras, si no también, a colaborar en la urgente tarea de reducir el 30 % de fugas de agua potable, una cantidad equivalente a la capacidad de producción de la desaladora de Santa Eulària en un año, tal como ha venido informando este diario.

Para añadir mayor dosis de descorazonamiento colectivo, el martes, los diputados de PSOE y Podemos votaron en contra de una enmienda del PP a los presupuestos de la Comunidad que incluía un plan para mejorar las redes de suministros, además de otras actuaciones del ciclo del agua. Ni como, ni dejo comer.

Los gobiernos están para dar respuestas a las necesidades de la sociedad y, si no lo hacen, dejan de ser útiles.

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