Opinión / Lucas Ramón Torres

3º domingo T.O. (Mt. 4, 12-23)

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Jesús, dice el Evangelio, al oír que Juan Bautista había sido encarcelado por orden de Herodes, se retiró a Galilea. Dejó Nazaret y se fue a vivir a Cafarnaúm, ciudad marítima. En Cafarnaúm anunció la institución de la Eucaristía. Jesús enlaza con la predicación de Juan el Bautista. Comenzó a predicar y decir: «Haced penitencia porque está cerca el Reino de Dios». Junto al mar de Galilea, el Señor eligió a cuatro apóstoles: Simón el llamado Pedro y Andrés su hermano. Después llamó a otros dos hermanos, pescadores también, Santiago y Juan. Jesús recorría toda la Galilea enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino. Sinagoga es un nombre de origen griego que designa el edificio donde se reunían los judíos especialmente los sábados.

Los cuatro discípulos conocían ya al Señor, algunos eran discípulos del Bautista. Por encima de los defectos humanos –que los Evangelios no ocultan–, resalta la generosidad y prontitud con que los Apóstoles correspondieron a la llamada divina. Si nos fijamos bien, podremos descubrir la entrañable sencillez con que los evangelistas han relatado las circunstancias de la vocación de estos hombres en medio de su quehacer cotidiano. Dejaron las redes al momento y lo siguieron. Dios pasa y llama. El paso de Dios puede ser rápido en nuestra vida; sería triste que nos quedásemos atrás, por querer seguirle llevando con nosotros muchas cosas que no serán sino peso y estorbo. Cada persona, nos dice el Papa, está llamada a convertirse, para ello debe transformar su propio modo de pensar y de vivir.

En los misterios luminosos del santo rosario que se contemplan todos los jueves, el Señor nos dice a cada uno: «Ven y sígueme». Pidamos la generosidad de los apóstoles. Ellos lo dejaron todo para seguir a Jesucristo. Los cristianos, con la ayuda y la luz del Espíritu Santo, hemos de intentar con el máximo interés seguir a Cristo de un modo incondicional. Si tenemos la dicha de amar a Cristo con obras y de verdad, podremos transmitir ese amor a nuestros semejantes.

Hoy celebramos la Jornada de Infancia Misionera. La finalidad de esta jornada es que los niños cristianos ayuden a los niños más pobres de todo el mundo.

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