Silencios ensordecedores

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La consellera Fina Santiago lleva un par de semanas siendo el ejemplo de qué no hacer en caso de crisis, sobre todo si la crisis no es ni de tu departamento ni siquiera de la institución en la que desempeñas tu cargo. Un grave problema del Consell, los tremendos casos de explotación sexual de las menores tuteladas, ha terminado rebotando políticamente en Santiago sin tener competencias en la materia. La consellera se puso ella sola en la diana cuando, nada más conocerse el caso de las menores, ofreció una rueda de prensa para explicar comportamientos inadecuados entre monitores de Es Pinaret.

Nada tenía que ver una cosa con otra, pero eso no lo sabe el ciudadano de a pie, que no tiene un conocimiento tan profundo de la situación y señala ahora a Santiago como responsable de algo que no le afecta.

Que el Consell sea una institución que no pinte nada desde hace años es malo para sus responsable menos cuando las noticias son negativas, como ahora: nada se sabe de Catalina Cladera, que por ahora está escabulléndose más o menos del entuerto, mientras el dedo inquisidor señala a Santiago.

El PP ha cargado para descargar. Pide la dimisión de la consellera sin otra razón política que la rabia del recuerdo de todo lo que la consellera dijo en su día de la muerte de Alpha Pam. Donde las dan las toman, dicen los ‘populares’. Pero si una reacción ha sorprendido ha sido la de los socios de gobierno de Santiago, que han visto cómo la consellera se metía sola en la boca del lobo y han optado por no entrar a su rescate a riesgo de salir chamuscados. Y de los socios del Govern, lo que más ha llamado la atención ha sido un más que elocuente silencio de Més.

No ha habido grandes declaraciones de apoyo ni afirmaciones de respaldo incondicional. Lo que ha habido es un estruendoso silencio, que tal vez también debe interpretarse en la misma clave que la reacción del PP: donde las dan las toman. Santiago fue muy contundente a la hora de exigir responsabilidades de sus compañeros Ruth Mateu y Biel Barceló. Ahora los suyos no han dicho esta boca es mía. No lo han hecho para mal, pero tampoco para bien.

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