Opinión / Emilia Esteve

¡Qué dura es la vida del artista!

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La de veces que en el pasado habremos escuchado esta frase, y para ser sinceros, razón no les faltaba para decirla. En el pasado, aunque no hace tanto de ello, los llamados ‘artistas’ lo tenían muy crudo para ganarse la vida con esta dura profesión. Feriantes, gente del circo, cantantes, actores, etc. No les quedaba otra que coger el carromato, autobús o tren y recorrer esos mundos de Dios, yendo de pueblo en pueblo, para ofrecer al público su arte. Algunos afortunados tuvieron la suerte de alcanzar el éxito y ganarse un lugar en el difícil mundo de las Artes Escénicas. Ya fueran cantantes, actores o gente del circo, tuvieron que trabajar muy duramente para ver su sueño hecho realidad y alcanzar la fama. Buena prueba de ello lo tenemos en nuestro país. Actores, actrices y cantantes consiguieron que sus nombres fueran reconocidos ya no sólo en nuestro país, sino también fuera de nuestras fronteras.

Quién de nosotros no ha visto una película de aquellas que en blanco y negro podemos disfrutar hoy en día, con grandes actores tanto en el género lírico o dramático y, cómo no, comedias que nos alegraban la tarde de los domingos. Algunos de esos afortunados tuvieron la suerte de encontrar un mecenas que les apoyó e hizo que su camino al estrellato fuera un poco más fácil. Otros tuvieron que ganarse la fama a base de esfuerzo y muchas penalidades antes de ser conocidos en este difícil arte. Tanto unos como otros han tenido que pasar por duros momentos, que han puesto su vocación a prueba y al final del duro esfuerzo, constancia y tesón alcanzaron su sueño de ser artistas.

Yo me permitiría añadirle algo más a la ya conocida frasecita. ¡Qué dura es la vida del artista amateur!Y la verdad es que, aunque ahora parezca que hayan más facilidades para poder lograr hacerte un hueco en este mundillo, no deja de ser difícil, a no ser, claro, que tengas la suerte de caerle en gracia o gustarle a productor, representante o adinerado mecenas que se arriesgue a ayudarte para que puedas alcanzar el sueño dorado de ser artista.

A eso yo le sumo unos cuantos puntos más de dificultad, si eres un artista amateur en las Islas. Aquí no hay tantas posibilidades de poderte dar a conocer ni hay productores que puedan abrirte las puertas del estrellato y mucho menos mecenas que arriesguen su capital para que te abras paso en el mundo del espectáculo. Pero eso no impide que muchos de nosotros luchemos por mostrar el talento que poseemos y que desinteresadamente ofrecemos al espectador que acude a vernos, compra nuestros libros o venga a ver el concierto que por las fiestas del pueblo se suelenofrecer.

Es el amor puro y duro al arte lo que nos empuja a ello y el mayor pago es el aplauso del espectador. Oír sus risas al ver tu obra, el poder vender algunos ejemplares de tu libro que has autoeditado y que te feliciten por lo mucho que les gusto. Ver a la gente vibrar al compás de tu música es lo mejor. Eso es lo que te anima a seguir adelante, lo que te empuja a escribir, cantar o interpretar.

Eso es lo que te da fuerzas para seguir luchando mientras esperas la oportunidad de poder hacerte un huequecito en este mundillo. Y de ello puedo dar fe, ya que yo me encuentro entre esos cientos de artistas que en las Islas nos encontramos. Aunque yo he de decir que soy afortunada, ya que, gracias al grupo de teatro al que pertenezco, me han brindado ya en dos ocasiones el poder ver mi obra representada y saborear el deleite del aplauso del espectador.

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