Opinión / Joan Boned Roig

No reconociendo la realidad no se ayuda al interés general

| IBIZA |

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Mucha polvareda ha levantado la última decisión del Govern balear en materia de presupuestos. El traspaso de 10 millones de euros de remanente del presupuesto de la entidad pública Ports de les Illes Balears a la también empresa pública Serveis Ferroviaris de Mallorca está trayendo cola y no cabe duda que resulta ciertamente polémica.

Se trata de dos empresas del sector público balear que cada año tienen su propio presupuesto aprobado, con su propia cartera de necesidades y su programa de inversiones. Tanto esas necesidades como las inversiones se van cubriendo en función del presupuesto disponible anualmente y puedo asegurar que en ambos casos el dinero del que se dispone cada ejercicio es inferior al que realmente se necesita; de aquí que resulte imprescindible priorizar, quedando en cada ejercicio cuestiones a resolver en futuros presupuestos.

Por todo ello, resulta sorprendente que se pretenda justificar el traspaso de esos 10 millones del presupuesto de los puertos de competencia autonómica al tren de Mallorca. Que desde el Ejecutivo balear se prioriza todo aquello que afecta a la isla de Mallorca en detrimento del resto de islas es más que evidente y, en algún caso, bastante escandaloso, pero que se pretenda defender este tipo de decisiones con argumentos banales y para nada creíbles resulta inexplicable a todas luces.

Que tanto por parte de la Conselleria de Presidencia del Govern como por parte del secretario general de la FSE se pretenda defender tal decisión con argumentos tan poco sólidos como los que han esgrimido suena más bien a tomadura de pelo. Decir que este traspaso de millones no es más que un tema meramente contable, que esto no afecta a ningún proyecto de Ports para la isla de Eivissa, que este remanente de Ports no es de Sant Antoni o que no se saca dinero de Ibiza para llevarlo a Mallorca resulta bastante ridículo como defensa.

Los puertos que dependen de la entidad Ports de les Illes Balears, entre los que se encuentran los de Sant Antoni y Santa Eulària, no están ni de lejos lo que se dice en perfecto estado de revista. Son muchas las necesidades de mantenimiento y mejora en todos ellos y no solo en los de la isla de Eivissa, por lo que el argumento de que las obras previstas para este año no corren ningún peligro resulta absurdo, ya que si no se han programado más ha sido precisamente por la falta de mayor presupuesto. Por tanto, la decisión de no invertir el remanente de Ports en la mejora y mantenimiento de las infraestructuras portuarias y desviarlo a inversiones en el tren de Mallorca no es más que una cacicada que afecta directamente a los puertos de nuestra isla y que, además, resalta el agravio comparativo que existe en materia de transporte público por carretera entre Eivissa y Mallorca.

No podemos olvidar que la aportación que desde el Govern balear y, en concreto, desde la Conselleria de Mobilitat i Habitatge se hace en transporte terrestre en Mallorca en los presupuestos de 2020 es de unos 63 millones de euros para Serveis Ferroviaris de Mallorca y unos 16 millones más para el Consorci de Trasports de Mallorca, mientras que a la isla de Eivissa no destina más que unos pocos cientos de miles de euros.

Y todo ello al margen de los 20 millones del impuesto turístico o ecotasa que desde el Govern se ha decidido que sean utilizados para financiar la ampliación del metro de Palma, una infraestructura dramáticamente deficitaria, que nuevamente solo beneficia a Palma y que nada tiene que ver con un proyecto turístico o medioambiental.

A todo esto hay que recordar también que ese mismo desprecio al que ahora hace referencia el presidente del Consell de Eivissa es exactamente el mismo que su propio partido, el PP, ha venido demostrando hacia nuestra isla cuando ha estado al frente del Ejecutivo autonómico y cómodamente instalado en el Consolat. No es cuestión de colores políticos; es cuestión de creer realmente en la descentralización autonómica.

Las decisiones abusivas siempre son injustas y, cuando la complacencia y el conformismo derivan en servilismo, poco o nada se aporta a la defensa del interés general de nuestra isla.

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