La serenata y el bar

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Quien canta los males espanta y las serenatas se escuchan en los balcones de Nápoles. ¡Bravo! Las crisis sacan lo mejor y lo peor de los seres humanos. Por mucha igualdad que prediquen los totalitaristas, somos benditamente diferentes. Los hay que compran compulsivamente papel higiénico y los que prefieren hacer acopio de buen vino y vodka y tabaco para sobrellevar serenamente el primer estado de alarma en diferido.

Los políticos no están a la altura, pero continúan con sus prebendas. Con cara de entierro anuncian que van a anunciar la alarma, lo cual es realmente chocante y causa de éxodo poblacional autonómico; son los únicos que se hacen test del virus con toda rapidez mientras el resto sospecha que su resfriado puede ser otra cosa; son tan volubles que alientan manifestaciones, pero son los primeros en hacer novillos (sueldo asegurado) y al día siguiente cierran los colegios. ¡Mejor un gabinete de expertos que un consejo de ministros mindundis!

Italia y España somos los países más besucones y afectados. La política seguida es muy diferente de la de Inglaterra y Alemania, que han preferido decir la cruda verdad y seguir rumbo con flemática normalidad en la tormenta. La histeria es contagiosa. Salen teorías diversas como que es una eutanasia para pensionistas. Es como una gripe que afecta especialmente a grupos de riesgo y el mayor peligro es el colapso sanitario. Bien por Matutes y Sarasola, que han ofrecido sus hoteles en caso necesario.

En las Pitiusas el confinamiento se sobrelleva mejor siempre que podamos ir a la playa o dar un paseo por el campo. Confío que no cierren el bar.

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