Opinión / Toni Ruiz

Día del Orgullo

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Ayer se celebró el Día del Orgullo Lesbiana, Gay, Transexual, Bisexual, Intersexual y Queer. A mi modo de ver, una celebración que me gustaría que desapareciese del calendario lo antes posible. Pero espere amigo lector, antes de acusarme de homófobo, déjeme explicar por qué.

La celebración del Día del Orgullo LGTBIQ es una reivindicación, una llamada de atención ante un fallo de nuestra sociedad. Significa que todavía algunos se creen con derecho a juzgar si está bien, mal o regular que fulanito y sutanito se quieran, se toquen, se besen o hagan con sus cuerpos lo que ambos de común acuerdo tengan a bien. O que sigan habiendo trogloditas que crean que a alguien se le puede «hacer heterosexual con un cursillo». O que la homosexualidad es algo que se puede «curar», como si de una enfermedad se tratase.

Menos mal que nos quedan los tolerantes: «Yo tengo amigos homosexuales, eh?» o aquel que dice de otro: «Es gay pero es muy buena persona». Como si una cosa estuviese reñida con la otra.

Mala pinta tiene mi deseo. La homofobia, como el machismo, están en el ADN de nuestra sociedad, en nuestra educación. Nuestro día a día está lleno de esas expresiones y actitudes a las que no damos importancia, pero que siguen perpetuando el desprecio al/la que vive su sexualidad de una manera diferente a la nuestra. Aunque nuestro país ha recorrido mucho camino en el reconocimiento de los derechos de los homosexuales parece que ahora algunos quieren retroceder a periodos ‘naftalenos’. No, no, ni un paso atrás, una sociedad moderna y saludable no puede permitirlo. Y si miramos a otros países, no olvide que en Arabia Saudí, Irán, Sudán, Yemen, Mauritania, Nigeria y Somalía, la homosexualidad está penada con la muerte. Terrible.

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manumenorca
Hace 13 días

... el mayor problema para asumir la idiosincrasia del colectivo LGTBIQ viene de un grupo muy particular de fanáticos homófobos y misóginos que regentan una organización empresarial multinacional con base en el Vaticano... son los que con más ahínco tiran a hacer daño desde tiempo inmemorial, y siguen a día de hoy despotricando desde los púlpitos, insultando y rozando muchas ocasiones la delgada línea que separa la crítica del delito de odio... por que los odian, su religión así lo prescribe... todas las religiones son perniciosas para la sociedad, NO sólo el islam que cita al final de su artículo, eso es sesgado, pues la católica es igual de fanática e integrista, igual de peligrosa y rechazable... demos la espalda a la iglesia, y será el mejor favor que les podemos hacer a los colectivos discriminados, para que normalicen su vida entre nosotros sin impedimentos

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