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Desde que en 2004 el Govern puso en marcha el servicio de limpieza del litoral, hay una constante que está presente en los procesos de licitación: la oscuridad con la que se aborda dicho proceso y que pretende enmascarar la incompetencia y desidia de los responsables del mismo. ¿Cómo si no podemos entender que siempre se licite tarde, sabiendo que el servicio finaliza en septiembre y los contratos se hacen hasta diciembre, que no se sepa qué empresas se presentan y qué ofrecen y, sobre todo, que no se tenga previsto la posibilidad de una o varias impugnaciones que acarrean enormes atrasos?

Esto es lo que ha vuelto a pasar este año con la diferencia (tremendamente desgraciada) que el servicio muy probablemente acabe suspendido. Y no vale decir que la pandemia lo ha cambiado todo. El servicio sigue siendo necesario. El problema del plástico en los mares se conoce desde hace tiempo y la ocasión de sanear nuestras costas en ausencia de un trafico masivo de embarcaciones era notable.

La decisión sobre qué empresa debía encargarse del trabajo ya debería estar tomada hace tiempo. Y deberíamos conocer detalles como el importe de las penalizaciones para la concesionaria en caso de incumplimiento del servicio y cual sería el destino de dichas multas.Con todos estos interrogantes, la actuación de la máxima institución autonómica queda en entredicho. Podrían haberse fijado en el desenlace de los procesos anteriores y anticiparse a los hechos.

En este período de tanta incertidumbre, el Govern debería encabezar cualquier medida destinada a reactivar nuestra economía y el resultado es, precisamente, el contrario. No solo no se inicia la faena y se prolonga uno o dos meses más sino que se cancela y con ello se incrementa el número de trabajadores en paro. ¿Tan difícil es ver que si se licita tarde nos arriesgamos a que se pase la temporada? Y el dinero ya reservado para este ejercicio, ¿pasa a incrementar el montante de años venideros? ¿se destina a otros trabajos? ¿desaparece del presupuesto general y ayuda a tapar otros huecos? Transparencia, señores.

Por cierto, el problema de la suciedad de la costa ibicenca no solo tiene la solución vía Govern. El Consell de Ibiza tiene autonomía suficiente como para encarar el asunto de la misma manera que hacen nuestros vecinos de Menorca. Hay barcos y hay profesionales que pueden dar solución. Es cuestión, como en muchos otros ejemplos, de voluntad política.