Nosotros los fachas

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Hoy, en una muestra inconmensurable de introspección filosófica, me he propuesto arrojar cierta luz sobre esa izquierda dogmática abonada a los memes que ha creado un marco estrechísimo de encaje social, incluso moral, para todos aquellos que discrepamos de sus postulados ideológicos que, vamos a reconocerlo, tan magnos resultados sociales han dado a lo largo de la historia; ahí están como un nítido exponente de dicho progreso, los balseros cubanos, las ametralladoras y los muros de Berlín, los desfiles multitudinarios de zarapastrosos, aplaudidores famélicos y el corte de pelo obligatorio de Kim Jong-un, en Corea del Norte, las hordas de gorilas de korps del autobusero bailón de Venezuela buscando disidentes para lincharlos y sus colas del hambre, la extinta Unión Soviética del Gulag, las matanzas de Budapest y Praga o el ecológico Chernobyl o China, que también ha querido contribuir a tan incuestionables logros socializando el Covid 19 a nivel planetario....

Hay más, pero para qué nombrarlos si los resultados son repetitivos y el final nos lleva a la misma fotografía, el máximo líder revolucionario luciendo un Rolex en su puño levantado, acumulando bienes y su cohorte de palmeros viviendo en la opulencia ajenos a las colas del pueblo que a empujones intenta conseguir leche o papel de váter. Es un retrato somero, lo sé, por eso tal vez alguien pueda corregirme y demostrarme que tanta garita de vigilancia, alambre de espino y arma de fuego están pensados para evitar que hordas de refugiados occidentales, balseros, desertores y famélicos capitalistas se lancen al asalto de sus paraísos marxistas. Más de uno, seguro que así lo piensa. El ser humano no aprende, le das un libro de Bakunin, una camiseta del Che, un porro y ahí tienes un nuevo antisistema con ínfulas de revolucionario.

Y, como resulta tan parco su entendimiento y su universo de discrepancia se ciñe a lo que le mande el camarada jefe (uno puede estar en contra de la OTAN y aceptar entrar en ella solo unos meses más tarde, manifestarse de forma multitudinaria contra ETA tras el asesinato de un compañero y acabar gobernando con ellos, reivindicar una jubilación digna y no decir ni mú cuando el líder nos regala dos años de trabajo extra o, insisto en el tema, manifestarse por la muerte de un perro sacrificado y bostezar por la muerte de 92.000 visones…), es normal que se constriña su lenguaje a un mero balbuceo y todo su imaginario político se concentre en un único adjetivo; ¡Facha! mejor, puntualizar: ¡Eres un facha! Palabra que a todas luces en su cerebro primario separa la luz de las tinieblas, el entendimiento de la falta de cordura y el amor universal y generoso de las checas y los jemeres rojos del odio genético que destilamos los que lucimos orgullosos la bandera de España. “¡Eres un facha!” y con eso está todo dicho, ni siquiera rozas la categoría de lo humano, así es, tras la caída de Lucifer, en la escala de lo maligno más malo, le sigue el señalado como facha y es de recibo que el mero hecho de invocar dicha palabra libre al que pronuncia el sortilegio del compromiso de entablar cualquier debate ideológico, confirme de sopetón su superioridad moral y hunda en el fango del sexto círculo de Dante al que recibe tal calificativo. No hay nada más que hablar, el término facha viene a ser la espada fosforescente de Skywalker que todo al que toca deja convertido en merecidas cenizas.

Pero, como el activista twittero de izquierdas necesita intelectualmente justificarse, al menos, entre litrona y porro, y su adicción a las consolas, ha intentado sumarle cierto bagaje ideológico al adjetivo de facha (¡pese a que ya de por sí lo aclara todo y, ni muchísimo menos lo precisa!), o sea, el mero hecho de que uno sea tachado de facha viene con varias maletas de regalo, es decir, si eres facha, al mismo tiempo eres icuestionablemente racista (da igual que gente de color salga elegida concejal o diputado y defienda tus ideas), maltratador y violador en potencia (no importa que defiendas en solitario un endurecimiento considerable de las penas a maltratadores y violadores, incluso la cadena perpetua), homófobo (qué sabrán los homosexuales que militan en el partido lo que es la verdadera homosexualidad cuya pureza de sangre solo la dispensa el movimiento LGTBI), machista (esa, es fácil, las mujeres que defienden tales ideas están alienadas y sometidas al heteropatriarcado sin saberlo, como un Síndrome de Estocolmo en relación a su macho) violento (No importa que no haya ni una sola agresión que implique a nuestro partido y sin embargo se amontonen las sufridas por nuestros simpatizantes) xenófobo (demandar una emigración regulada, pedir la expulsión de los delincuentes extranjeros y primar la llegada de emigrantes hispanos por afinidad cultural es sin duda un agravio a la razón) y, anticonstitucionalista (¿Pero estamos locos o qué? Un tercio de los españoles vive bajo el umbral de la pobreza y... ¿debemos mantener un cementerio de viejos elefantes como el Senado o esa trituradora improductiva de esquilmar recursos que es el Estado de las Autonomías mientras invertimos en I+D la mitad que los países desarrollados de Europa?).

Ya vamos viendo la luz, a saber: Facha, es lo peor de lo más malo, y si lo eres, ni se te ocurra negarlo, aunque tú no lo sepas, también eres… ¡Racista, maltratador, homófobo, machista, violento, xenófobo y, anticonstitucionalista! Ahí es nada. Seguro que algo despectivo me dejo sobre lo despreciables que somos 3.700.000 españoles .
VOX avanza a velocidad de crucero embistiendo los icebergs de la vieja política de los partidos corruptos, los de las prebendas, de la Gurtel y los ERE, los sueldos vitalicios, el amigo consejero y la querida colocada de Ministra, VOX, arrolla con su proa los adjetivos infantiles y las proclamas lanzadas desde casoplones bien custodiados y atrios carcomidos por sobres y espías al servicio de las cloacas del Estado, VOX, crece de una manera imparable entre los témpanos de hielo de los apátridas apelando al orgullo de nuestra historia contra los que no tienen otra que la que dicta el dinero.

VOX, para sorpresa de la derecha y la izquierda, se dispara en los barrios obreros que los distintos gobiernos han convertido en guetos, esquilmando la dignidad y hacienda de los trabajadores. VOX, señala con el dedo a los forjadores del Nuevo Orden mundial que pretende dividir la sociedad en señores y siervos y a los nacionalismos periféricos insolidarios. Os lo dice un militante de dicho partido, seguid usando la palabra facha, que lo que os parece ahora un insulto, acabará por convertirse en una medalla para millones de españoles que la lucirán orgullosos solo por diferenciarse de vosotros.

¡Y eso que no he nombrado a Franco, el otro pilar básico en el que se sustenta su capacidad de crítica y debate!

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