Martini a la ibicenca

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Matar moscas a cañonazos nunca ha sido buen remedio. Pero eso mismo pretenden algunas medidas contra la peste moderna, tensando la cuerda de la cordura social en una profiláctica dictadura new age. Aún así prefiero creer que la lógica y el sentido común terminarán por imponerse al tebeo apocalíptico de tanto burrócrata metido a doctor Bacterio.

La foto del nudista con mascarilla ya no será necesaria. Los encargados de la cosa por fin admiten que será mejor confiar en la responsabilidad ciudadana a la hora de darse un chapuzón. Si hay espacio y estamos al aire libre, llevar el atrezzo vírico ya no se considera necesario. Posiblemente han tomado tal decisión para alentar la llegada de turistas, pues a los españoles nos siguen considerando altamente peligrosos. De ahí que una amiga madrileña no haya tenido otra opción que ir a bañarse a Panamá mientras que sus primos alemanes pueden venir a Ibiza.

Ante tanto dislate hay remedios más allá de los fármacos antidepresivos. La chocolatera Eva Marí afirmaba ayer en este periódico que comer un bombón a tiempo te alegra cualquier día malo. Estoy completamente de acuerdo con tan sabia mujer. Ya el Papa Alejandro VI zanjó la polémica renacentista al sentenciar que el chocolate era algo tan bueno que no podía ser obra del demonio. Lo cortés no quita lo Moctezuma y los Borgia eran decididamente sensuales.

Además del chocolate y un chapuzón sin mascarilla también abrazo otros amparos para animar los placeres y los días. Como el Dry Martini a la Ibicenca. Consiste en vodka helada y unas gotitas de absenta Marí Mayans. Es un trago que contagia alegría y una cierta serenidad. Cada uno tiene sus trucos y yo solo digo mi cantar a quien conmigo va.
¡Feliz Pascua!

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