¡Yo soy un orco, pues yo, un hombre embarazado!

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Si con la irrupción omnipresente de Rociíto y sus pupas por capítulos mi fe en el ser humano descendió algunos peldaños más, con la historia de hoy, me hallo a las mismas puertas del infierno de Dante, frente al cartel que decía: Abandonad toda esperanza.

“Farming”, es una película basada en hechos reales que nos narra la historia de un Skinhead adolescente de los suburbios ingleses y sus tropelías raciales contra los miembros de otras comunidades, especialmente, los negros o, para ser politicamente correcto, los afroeuropeos. La historia no tendría en sí nada de extraño a no ser porque su protagonista, Adewale Akinnuoye, es negro como el carbón pese a que él jurase que era blanco. Gracias a Dios, el mozo ya está felizmente curado y ha dejado de dar palizas a sus hermanos de color. ¡Sí, curado! Porque su percepción mental de lo que creía que era estaba muy alejada de lo que indicaba la realidad biológica y además, en su caso, la ayuda psiquiátrica sirvió de algo.

Orcinfernall, es un tatuador brasileño que ha mutilado su cuerpo, introducido bolas bajo la epidermis de su cabeza para deformarla, tatuado sus retinas e implantado unos enormes colmillos gigantes porque afirma que se siente un orco.

Eric Yeiner, es un joven colombiano de 22 años que decidió cortarse por completo las dos orejas, la nariz y dividió su lengua en dos partes, además, de tatuarse la cara como si fuese una calavera, ya que su sueño es convertirse en un esqueleto andante.

Nano, es una chica noruega de 22 años que dice ser un gato desde los 16 y que entre otras cosas, en su casa, solo se mueve a cuatro patas, viste como un gato y se asusta enormemente delante de los perros, eso, a parte de molestar a los vecinos con sus maullidos. Ella dice que ha nacido en un cuerpo equivocado y pide ser reconocida como género felino. Es… ¡Transespecie!

Anthony Loffredo, se ha mutilado la cara e insertado objetos porque quiere convertirse en lo que dice que es, un auténtico extraterrestre, da miedo verlo aunque él afirme que solo ha realizado un 20% de la transformación requerida (desconocemos cuál puede ser su patrón alienígena para poder imitarlo y cuándo lo contactó) para ser un auténtico marciano.

Cabe hacer una reseña especial para las Barbies y los Kents que proliferan como el moho sobre la fruta madura a base de cirugía y talonario por todo el mundo.

Si uno pierde el tiempo en buscarlos, frikis de esta índole, los hay a miles, es conocido el caso del modelo “Zombie Boy”, apareció en un vídeo de Lady Gaga y, tal vez, por culminar su progresión en la transmutación total a zombi, decidió suicidarse hace un par de años, indudablemente, que se sepa, no volvió a levantarse y ahí concluyó su trayectoria de modelo y muerto viviente. Lo que me empuja a escribir el artículo de hoy, es la aparición en los telediarios de un espécimen de la misma cuerda, sí, llamado Rubén Castro que (parece que toda la morralla necesita su publireportaje), saldrá en un documental especial de la Sexta desglosando su caso, que a la postre es el de haber cambiado de sexo para convertirse en hombre, con la peculiaridad de que no se ha hecho la mastectomía ya que quería experimentar la lactancia materna (Menos mal que ha sido por eso y no porque quería manosearse los pechos morbosamente en caso de que en su etapa de varón no ligase).De resultas, tenemos un tiarrón con el pecho lleno de pelo, tetas y, que además, para cuadrar el círculo, está preñado. La conclusión inmediata es que si uno no se identifica con lo que la realidad irrefutable refleja, puede ir mutilando, añadiendo o modificando aquello que la biología ha determinado hasta convertirse en lo que uno se sienta, ya sea un negro blanco, un orco, un zombie, un esqueleto andante, un extraterrestre, una gatita (en el caso de Nano, con un sobrepeso notable que ridiculiza el concepto de lo felino) o un supuesto hombre con un retoño dentro. Y el problema de ello, de tamaña barbaridad, es que todos sabemos lo que encerraba la caja de Pandora y que pasó al abrirla, pero, con la caja de los tontos, que además, no la han creado precisamente los dioses y su fondo parece infinito, de momento lo que van saliendo son esos engendros bizarros que tan solo unos décadas atrás hubiesen recibido atención médica y los pertinentes cuidados psicológicos que sin duda su metamorfosis física está demandando a gritos. Y es que, pese a lo que dicta la naturaleza y la evolución condiciona de forma contundente, el cerebro humano (especialmente el de los enfermos mentales) es capaz de rechazar lo evidente y doblegar las leyes que rigen desde hace varios cientos de miles de años la evolución de nuestra especie (si es que realmente estamos evolucionando, que yo no lo tengo tan claro). Y, en este mundo que parece renunciar a ciertos valores morales que han configurado y cohesionado nuestra civilización e historia durante siglos, repito, abres la caja de los tontos y te encuentras con que hemos dejado atrás el hombre y la mujer de siempre (eso tan carca y retrógrado) y, sin saberlo, resulta que así mismo convivimos con infinidad de géneros, véase: transgénero, queer, transfemenino, agénero, demisexual, trigénero, intergénero, no-binario (¡y binario, por supuesto!), poligénero, andrógeno, pansexual, trasmasculino, pangénero, andrógino, skoliosexual, bigénero, omnisexual y así hasta completar las 38 nuevas especies humanas reconocidas (¡ojo, que los más radicales ya han definido hasta 112 diferentes!) cuyo broche de oro fonético sin duda se lo lleva el género, ¡neutrois! “Hola, cómo va todo…¿yo soy neutrois y tú? Bueno, antes era más skoliosexual, pero estoy cambiando a demisexual, me veo más ahí…”. Aparte de una sociedad de ovejas aletargadas (los españoles somos los únicos europeos que pagamos el impuesto sobre patrimonio), estamos pariendo una realidad de soledad y hedonismo donde un majadero con tetas tiene mucha más atención mediática que esos miles de niños con enfermedades raras y la lucha titánica de sus padres corage para que se les haga un poco de caso, solo un poco, niños enfermos a los que, empezando por el Gobierno, parecen importarles a todos un carajo. En España, cinco millones de personas viven en total soledad, en Japón acaban de crear el Ministerio de la Soledad para combatir una tasa de suicidios que supera en fallecimientos a los provocados por el Covid. Estamos rompiendo los lazos sociales y creando una realidad de materialismo y consumismo atroz carente de moral alguna, estamos abriéndole la puerta a la fealdad, el individualismo virtual y la chabacanería más repugnante y nadie señala los monstruos que normalizamos ¿el resultado…? Estamos levantando con total desparpajo nuestro propio decorado apocalíptico de Mad Max con una una sociedad de orcos, zombies, calaveras andantes, trans-especies y majaderas transformadas en hombres para quedarse posteriormente embarazados que cada vez irán a más... Vamos de cabeza al precipicio del suicidio colectivo, al Ministerio de la Soledad, la dictadura de los antidepresivos y la genuflexión para que los tiranos de la Agenda Global nos pongan el yugo de los bueyes mansos.

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