Ser humano en el PTI

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Es un derecho y así nos lo ha recordado el presidente del Consell la participación ciudadana en el proceso de revisión del Plan Territorial Insular, instrumento clave en la ordenación de nuestro territorio a través de la regulación de los asentamientos, las instalaciones, las actividades, los núcleos de población, los servicios, los equipamientos, las infraestructuras y la protección de los espacios naturales para que nos permita definir el modelo territorial futuro de nuestra tierra. Existe un email en la web del Consell d’Eivissa a tal efecto: revisioPTI@conselldeivissa.es.

El espíritu que anima esta ordenación se encarna en el interés por un desarrollo sostenible, por el bienestar de la población, por la preservación racional de los recursos naturales, el patrimonio histórico y cultural, por permitir a los individuos un desarrollo personal libre y evitar cargas a las generaciones futuras.

Una de las misiones del PTI para materializar este espíritu consiste en fijar los techos de crecimiento para cada uso (asentarse, realizar actividades, etcétera) y área del territorio. Sin embargo, los techos de población no aparecen como misión explícita del PTI. Escarbando en el concepto de población, las DOT en su título preliminar, define la configuración de los elementos básicos del territorio en los cuales curiosamente solo se habla de áreas y sistemas, no de personas, de habitantes o de población. Resulta curioso cómo el elemento fundamental que da sentido a toda la política territorial no se encuentre (sí sus acciones) como un elemento explícito en el territorio y por lo tanto en su ordenación. Esto tiene su sentido dado que la competencia autonómica es en materia de territorio y no, por decirlo brutamente, de población.

Por otra parte, tanto la ley de ordenación territorial como la ley de directrices de ordenación territorial nos hablan de población, ciudadanos y ciudadanas, todos los ciudadanos, individuos, ciudadanos en general, hombre, asentamientos humanos, desarrollo personal, personas, público en general, sociedad civil balear y colectivos, habitantes. Sin embargo, no queda claro en estos instrumentos qué se entiende por esa cantidad de nombres atribuibles al ser humano como agentes de usos.

Este elemento que encontramos en el territorio aparece en la Constitución Española como una potestad inalienable del estado. Jurídicamente hablando una persona vinculada entre sí misma y el estado y por lo tanto en sus territorios es una persona que tiene como atributo la nacionalidad española. En este punto, la Constitución Española es clara; en su artículo 139 dice que todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado.

A esta tipología de persona con este atributo hay que añadir otros tipos de personas que se encuentran en el territorio en cuestión y que usan territorio: extranjero, residente, extranjero residente en España, inmigrante libre, inmigrante refugiado, inmigrante ilegal, empadronado, no empadronado, población flotante, trabajadores temporales, visitante y turista (que he visto definirse como usuario en entorno no habitual (¿yo en Palma de Mallorca cuando voy a trabajar? De hecho, me cobran la ecotasa en el hotel cuando lo hago. Increíble.))

En conclusión, tenemos un elemento exógeno al territorio balear y en este caso ibicenco que puede entrar y salir con total libertad, sin más criterio que ser español o no serlo y tener derecho de estar, o estar de forma ilegal en España y por lo tanto en Ibiza.

Dicho esto, el proceso de revisión del PTI conlleva un diagnóstico territorial previo capaz de dar cuenta de los procesos de base territorial como punto de partida para el consenso y la posible revisión. El diagnóstico que se ha elaborado es muy bueno y profuso con 3 fases y 14 análisis sectoriales.

Centrándome en el estudio demográfico, soportado básicamente por los conceptos de población absoluta y población extranjera y sobre los datos del padrón (se escurren datos), el diagnóstico nos habla de una Ibiza con 142 mil habitantes, de los cuales un 23% son población extranjera. Esto nos da la isla del archipiélago más densamente poblada, 248 hab/km2, con una densidad de población extranjera de 58,88 hab/km2. Con una población absoluta que ha crecido un 169,04% respecto a 1998 y la población extranjera un 388%, generando un saldo migratorio positivo.

Con estas tasas de crecimiento la proyección de la población en Ibiza en el futuro se pronostica a través de 5 escenarios que prevén una tasa de crecimiento anual de la población entre el 0,8 y 2,6% pudiéndose duplicar la población dentro de entre 27 y 88 años.

Otro dato muy relevante es la prognosis realizada sobre la población estacional. El índice de presión humana oscila hasta 2,5 veces entre invierno y verano, pasando de una población de 150 mil personas en invierno a 370 mil en verano y en constante crecimiento, el cual, si se mantiene podría llegar en 2037 a las 600 mil personas en temporada estival (450 mil es lo previsible), sobrepasando sobremanera la capacidad de plazas de alojamiento y recursos de la isla.

Después del exhaustivo análisis el diagnóstico presenta un futuro demográfico de la isla de Ibiza entre la incertidumbre y la insostenibilidad con tasas proyectivas de crecimiento muy significativo. Según el diagnóstico las cifras son social y ambientalmente inasumibles y elevarían las tensiones internas de forma perjudicial haciendo perder calidad de vida de los ciudadanos (¿cuáles? ¿los ibicencos, los españoles, los turistas, los citizens of the world…?) y ocasionando un deterioro ambiental severo en Ibiza. Entre otras consecuencias, dice el diagnóstico, se corre el riesgo de pérdida de la marca Ibiza, punta de lanza de nuestra ‘Ibiza de bienestar’.

Mientras escribo este artículo, es noticia que el Govern Balear tiene en marcha un diagnóstico para afrontar el reto demográfico (ya está hecho parte del mismo en lo que respecta a Ibiza en el proceso de revisión del PTI), así como reclamar una estrategia estatal demográfica para nuestras islas que, junto con la propuesta del Consell d’Eivissa de limitar la entrada de vehículos en la isla suponen unos de los primeros pasos para atajar los escenarios demográficos que se nos avecinan.

En el fondo los humanos somos fauna (no aparecemos como tal en el PTI) e Ibiza es nuestro hábitat, nuestro ecosistema. Quizá habría que redefinir los elementos básicos de nuestro territorio, dado que una definición donde falta un elemento fundamental, los humanos, y sobre el que los planes territoriales cobran su sentido, puede ser uno de los cimientos a reforzar en toda esta caja de pandora.

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