Los animales, como estas ovejas, campan a sus anchas por el recinto, que no cuenta con ningún tipo de vigilancia.

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El antiguo recinto militar de sa Coma ofrece hoy en día un aspecto absolutamente desolador: edificios fantasmagóricos, puertas desvencijadas, ventanas con cristales rotos y la maleza invadiéndolo todo. Por no haber, ya no hay ni barrera para entrar ni vigilancia y tan solo unos cuantos pabellones se mantienen activos.

Sa Coma tiene 24 edificios, una superficie total de 586.523 m2 y un valor patrimonial de 24,2 millones. Son unas instalaciones con muchas posibilidades que fueron adquiridas la pasada legislatura por el Consell d’Eivissa al Ministerio de Defensa con dinero procedente del mismo Estado del déficit estatutario. Los progresistas tenían planes quizás demasiado ambiciosos para este recinto, entre otras cosas montar un campus universitario y una gran zona deportiva, además de la construcción de la nueva depuradora y el circuito de motocross.

Cuando el PP llegó al poder descartó trasladar allí la universidad y decidió dejarla en la Comandancia También destinó a otras inversiones los 2,3 millones que se habían guardado para montar en sa Coma la Escuela de Hostelería y la Escola Oficial d’Idiomes. La crisis y la falta de fondos acabaron también con otras cosas, como por ejemplo el servicio de vigilancia que había en la puerta. El gobierno popular siempre criticó que estas instalaciones se habían comprado por demasiado dinero (30 millones entre esto y el Polvorín de Santa Gertrudis) y defendió que hacía falta mucha inversión para poder poner algo en marcha allí. De hecho, el presidente Vicent Serra, indicó en su día que el proyecto de los progresistas era «más idílico que real».