Más de un centenar de profesionales sanitarios se concentran en las Pitiusas en contra del decretazo

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Imagen de la protesta convocada por el Simebal y el CSIF ayer a las puertas de Can Misses.

Imagen de la protesta convocada por el Simebal y el CSIF ayer a las puertas de Can Misses.

Arguiñe Escandón

«¡Mérito sí, requisito no!» corearon ayer más de un centenar de profesionales sanitarios de las distintas categorías que se concentraron en el hospital Can Misses y en los centros de salud de Ibiza y Formentera a las 11 de la mañana en contra del decretazo del catalán. La concentración más numerosa fue la organizada en la puerta principal de Can Misses que fue secundada por alrededor de un centenar de profesionales, entre médicos, técnicos y personal de enfermería. Entre los asistentes se encontraban los jefes de servicio de Pediatría, Oftalmología, Maxilofacial y el coordinador de Rayos. También había especialistas de anestesia y psiquiatría, médicos de familia y personal del 061 respaldando la concentración. En los centros de salud de Formentera, Sant Antoni, Santa Eulària y Es Viver de Vila hubo también seguimiento al acto organizado ayer por los sindicatos Simebal y el CSIF.
«Es una piedra grande y gorda»
«No pretendemos una lucha política sino asegurarnos que nunca faltarán médicos en la sanidad pública», dijo el responsable del Sindicato Médico, Carlos Rodríguez, que alertó que no están cubiertas todas las plazas en los servicios de Radiología, Medicina de Familia, Anestesia, Urgencias y Traumatología de Can Misses y precisó que «ha sido difícil completar las plantillas de otras especialidades que están en la cuerda floja». Rodríguez pidió que no se agravara lo que denominó como «sindrome de lujo pitiuso que provoca dolor de cabeza encontrar una vivienda, mareos al saber coste de la vida y desmayos al saber el coste de un billete de avión en Navidad». Defensor del catalán como mérito, «no como una imposición o requisito, que nadie nos tache de intransigentes; solo queremos la mejor calidad en la sanidad pública y no sólo para nuestros pacientes sino para nosotros mismos». Recordó que «es muy difícil traer médicos a Ibiza y Formentera, a veces es imposible. Pedimos sensatez, demos facilidades y premiemos al que venga, que el catalán sea un mérito no una imposición, que recapaciten».
Uno de los servicios con déficit de la plantilla es la de Rayos, faltan seis de una plantilla de diez, y su coordinador, Paco Cuesta, señaló que la imposición del catalán «es una piedra grande y gorda en el camino, sería mentira decir que no vienen por el catalán», pero reconoció que resta atractivo cuando hay tanto déficit de profesionales en toda España. «La gente pregunta por este tema y no les interesa». De hecho, aseguró que «aunque se retirara el decreto el daño ya está hecho».
Otros servicios como en Psiquiatría también tienen falta de profesionales. Gustavo Lucas, Daniel Bozzini y Manuel Rodríguez fueron algunos de los especialistas que acudieron al acto y aseguraron que «las consultas sucesivas tardan en ser atendidas tres o cuatro meses por la falta de profesionales». Afirmaron, además, que muchos de ellos son interinos y no tienen el titulo de B1 de catalán. «Es un conflicto importado, no es un conflicto real. No tenemos dificultades en comunicarnos», dijo Bozzini. De hecho, la Unidad de Salud Mental ha recogido 300 firmas de apoyo de sus pacientes que valoran el trato por encima de la capacidad lingüística. Algunos médicos de familia también estaban presentes en la concentración en contra del decreto, como Eduardo Fuentes, del centro de salud de Santa Eulària, «Muchos pacientes mios que son ibicencos están en contra». De hecho, advirtió de que tendrán problemas «este verano en atención primaria».
El movimiento Mos Movem estuvo presente en la concentración de Can Misses con su representante, la técnica de laboratorio Sonia Rodríguez, que dijo que «los técnicos estamos más afectados porque nos los estan exigiendo por bolsa, nos dicen que es para integrarnos cuando no tenemos contacto con el paciente porque estamos en el laboratorio», dijo. Sonia defiende que sea un mérito no un requisito. «Los idiomas nos unen, pero no es una obligación». Lleva tres años en Can Misses y recuerda que «se tuvo que ir por el problema de la vivienda y ahora me tengo que ir por el catalán; el 80% de la plantilla no es fija, nos están metiendo mucha presión, no es que no nos quieran, sino que nos echan».

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