Víctor Guasch: «Los agroturismos han puesto en valor el campo y la arquitectura ibicenca»

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Víctor Guasch y su hermano Toni, así como su padre y su abuelo nacieron en la casa payesa que da vida al agroturismo Atzaró. Han conservado algunos rincones como la cuina pagesa, el porxo o la casa dels vins, pero sobre todo el encanto de la arquitectura ibicenca. En medio del campo y en un entorno de tranquilidad, la familia ha conseguido convertir su idea en una realidad, que Atzaró sea un lugar «auténtico» y de «calidad» donde los clientes puedan tener una «experiencia completa».

Víctor Guasch y su hermano Toni, así como su padre y su abuelo nacieron en la casa payesa que da vida al agroturismo Atzaró. Han conservado algunos rincones como la cuina pagesa, el porxo o la casa dels vins, pero sobre todo el encanto de la arquitectura ibicenca. En medio del campo y en un entorno de tranquilidad, la familia ha conseguido convertir su idea en una realidad, que Atzaró sea un lugar «auténtico» y de «calidad» donde los clientes puedan tener una «experiencia completa».

Arguiñe Escandón

Sin experiencia en el sector de la hostelería y tras varios años fuera de la isla, Víctor Guasch (Eivissa, 1965) se embarcó en la aventura de transformar la antigua casa payesa de la familia en un agroturismo de calidad. Junto a sus hermanos, Toni, Jaume y Ángeles, y su socio, Philip Gonda, consiguieron que el proyecto que habían ideado se convirtiera en un realidad en 2004. Muy pronto consiguieron poner Atzaró «en el mapa» y convertirlo en uno de los agroturismos de referencia de la isla.

¿Cómo surgió la idea de crear Atzaró?
— Nos tenemos que situar a finales de los años 90 cuando en Ibiza aún no había esta apuesta por el lujo. Nosotros pensamos que Ibiza era una isla cinco estrellas y que tenía que tener sitios que apostaran por el lujo. A finales de los años 90 hicimos la petición para el agroturismo, nos dieron la licencia en 2002 y en 2004 abrimos las puertas. La apuesta fue porque entonces no había apenas hoteles de cinco estrellas en la isla.

¿Cómo fue dar el paso de transformar la casa payesa familiar en un agroturismo?
— Es la casa de la familia de muchas generaciones. Yo mismo nací en esta casa y mi hermano Toni también, así como mi padre y mi abuelo. Era una casa de campo y el sitio que teníamos para llevar a cabo nuestro proyecto. La idea surgió de nuestra experiencia fuera de Ibiza, viendo sitios que estaban en medio del campo y con mucha calidad, y pensamos que podíamos hacer algo parecido en la casa de la familia.

¿Fueron los primeros en ofrecer este tipo de oferta en Ibiza?
— Fuimos uno de los primeros. Ya había otros agroturismos pero fuimos la primera tanda de agroturismos que apostamos por la calidad en Ibiza.

¿Cómo era la casa antes de hacer la reforma? ¿Cómo la recuerda?
— La recuerdo maravillosa. Aquí vivía mi abuela, tenía su horno de pan, el carro y era la típica casa ibicenca. Se tuvo que adaptar a la nueva actividad turística, pero la casa siempre ha tenido mucho encanto y es fantástica.

¿Tiene algunos rincones o espacios que han sido intocables?
— Sí, en la entrada de Atzaró tenemos la cuina pagesa que está idénticamente igual a como estaba al principio, con los mismos tegells y el mismo techo. El porxo y la casa des vins también están igual, con los mismos escalones y la misma piedra.

¿Cómo cree que se sentirían ahora sus abuelos de ver su casa convertida en uno de los agroturismos de referencia de la isla?
— Yo creo que se sentirían orgullosos de ver la casa como ha quedado y como se está gestionando. Sus fotos están en el porxo de la entrada. Mis padres sí que lo vieron y estaban muy orgullosos de la evolución.

¿Cómo ha evolucionado Atzaró desde que abrieron hasta ahora?
— Atzaró se ha ido adaptando a la demanda. Está claro que hemos apostado por la calidad y por un tipo de turismo, pero el turista también nos dice lo que les gusta y lo que no. Lo que hemos ido haciendo en Atzaró es intentar ser cada vez más auténticos, pasar de una decoración que era de medio mundo a una más auténtica ibicenca. También hemos evolucionado en la comida y en los tratamientos como el spa, siempre en función de lo que el cliente quiere. Hoy en día hay una clientela de calidad que está muy identificada en cuidarse, en comer sano y hacer tratamientos de bienestar y nosotros nos hemos adaptado a esto. Atzaró pretende que los clientes cuando vengan tengan una experiencia completa. La clientela que viene es un perfil de entre 30 y 50 años y se hospeda entre 5 y 7 días de media, entonces cuentan con una oferta completa.

¿Cómo fueron los inicios de Atzaró? ¿Costó empezar o fue todo rodado?
— Lo único de los inicios es que no teníamos ninguna experiencia en hostelería. Estudié Económicas y estuve fuera de Ibiza muchos años y cuando empezamos, empezamos de cero. Los inicios fueron fáciles porque hubo una demanda que acompañó desde el principio. Fue complicado de gestionar como se tiene que gestionar un negocio porque no teníamos experiencia en el sector pero, visto con perspectiva ahora después de 14 años en funcionamiento, fue relativamente fácil. Si tienes la demanda es más fácil gestionar tu negocio. Nos ayudó mucho también que desde un principio se casaran aquí gente como Cayetana Guillen Cuervo o Fonsi Nieto, gente muy notoria en la sociedad española, lo que permitió poner a Atzaró en el mapa. En los inicios, Atzaró estaba en medio del campo y en una zona que no conocía nadie. La gente que venía de vacaciones se iba a la costa, no al campo y los agroturismos han puesto en valor el campo y la arquitectura ibicenca, que es muy importante en la isla.

¿Cuáles son los ingredientes que no deben faltar en un agroturismo de calidad?
— Lo primero es que haya calidad en todo. Hoy en día la calidad va desde la decoración o el servicio personalizado hasta el producto que ofreces en tus instalaciones. El servicio es fundamental porque al final todos ofrecemos lo mismo, que es dormir, comer y relax, pero como se hace este servicio es lo que marca la diferencia. Nosotros apostamos desde el principio por la calidad en el servicio y en los productos, aunque no es fácil en Ibiza porque la isla tiene una idiosincrasia particular por la estacionalidad.

Desde hace unos años abren también en invierno. ¿Está costando coger la dinámica?
— Hace cinco años que abrimos en invierno y fue una apuesta para hacer un producto de calidad. Abrir todo el año permite ofrecer a tus clientes el espacio abierto, pero también da una continuidad y una constancia a las mejoras que haces porque al final cerrar y abrir es complicado. Está costando pero seguimos con esta apuesta. Creo que Ibiza tiene un turismo que está alargando la temporada, con unos meses de octubre, marzo y abril con mucho más turismo que antes. Nosotros apostamos para que haya más actividad en diciembre y enero, con paquetes diferentes orientados a la temporada baja, que se orienten más a disfrutar más de la bicicleta, del campo y del entorno.

¿Cuáles son las principales dificultades que encuentran para mantener el negocio?
— Uno de los principales problemas que hay en Ibiza es que en invierno nos quedamos desamparados en cuanto a vuelos. Hay muy pocos que vengan de las ciudades extranjeras hacia Ibiza y los que hay de la Península son muy pocos y caros.

¿Cuáles han sido las mejores épocas de Atzaró? ¿Están ahora en un buen momento?
— Ibiza ha ido cambiando desde que abrimos hace 14 años y en los últimos años está cambiando muy rápido. El turista no reserva con anticipación, todo se hace en el último momento, pide más servicios y a veces la calidad que se ofrece en la isla no es el que quiere. Además, hay un porcentaje de turismo que se está yendo a otros destinos. Ibiza está en transición y tenemos que apostar por tener un servicio de más calidad y que haya una continuidad de retorno del turista que ha venido a Ibiza.

¿Les beneficia el turismo de lujo de los últimos años?
— Que haya hoteles de cinco estrellas cerca nuestra nos ha beneficiado porque hay una afluencia de gente que viene a pasar el día, hay eventos que se organizan aquí, por lo que se ha creado una actividad en la que participamos. Cuando más calidad hay a tu alrededor tu negocio mejora.

El grupo empresarial no es solo el agroturismo, sino que cuenta con otros establecimientos.
— Hemos apostado también para que el cliente de Atzaró tenga también una apertura al mar, entonces abrimos en 2012 Atzaró Beach y hace tres años abrimos el restaurante Aubergine en Sant Miquel, que es un complemento muy interesante para nuestros clientes. Cada restaurante tiene una personalidad propia, muy diferenciada uno del otro, aunque mantienen la misma línea de calidad de Atzaró.

¿Cuál es el secreto para que un negocio funcione?
— Hay muchas variables que hacen que un negocio funcione o no. Hay negocios que empiezan con mucho potencial pero no se desarrollan por varios motivos. Creo que el secreto es la constancia y tener claro tus valores fuertes como empresa, apostar por ellos y seguirlos en el tiempo. El vaivén de cambiar las cosas de una temporada a otra no va bien, las apuestas que haces como empresario se tienen que desarrollar y para ello hay que dar tiempo al negocio para que funcione.

¿Con cuantos trabajadores empezaron y cuántos son ahora?
— Ahora en plena temporada estamos en unos 130 trabajadores y empezamos con unos 10.

¿Imaginaba este crecimiento cuando empezó?
— No, nosotros pensábamos en poner en valor la casa payesa con una gastronomía más sofisticada y un producto diferenciado en calidad, pero no imaginábamos esta proyección.

¿Tienen ahora nuevos proyectos o ideas para poner en marcha?
— Este año hemos empezado un nuevo proyecto en Indonesia. Hemos creado un barco de lujo, Prana by Atzaró, que tiene nueve habitaciones y te lleva de un parque natural a otro. ¿Por qué en Indonesia? He vivido 20 años fuera de Ibiza, Asia nos gusta mucho y pensamos que es un producto que hacía falta allí. Está funcionando muy bien y está teniendo una acogida espectacular.

¿En Ibiza podría funcionar un proyecto así?
— No, está pensado para una zona con aguas que no se muevan. Allí es como un lago y se hace unos cuatro meses en Komodo y otros cinco meses en Papúa, para evitar las temporadas de lluvias y tormentas. Es un barco pensado para navegar en aguas que son como un espejo. Es un producto de lujo que ofrece muchos servicios, es como un hotel flotante.

¿Cómo ha influido Asia en el grupo Atzaró?
— Ha influido en el servicio, en la parte de los masajes y el estilo. Cuando abrimos aún vivía en Filipinas y hay mucha influencia en cuanto a los espacios, los jardines y la concepción.

¿Y en Ibiza están trabajando en algún proyecto?
— Uno de los nuevos proyectos y por el que estamos haciendo una gran apuesta de cara al año que viene es por la comida orgánica. Tenemos un pequeño huerto que queremos transformar para que Atzaró se abastezca de sus productos. La idea es empezar con un 50% y llegar a un 80% o 90% de productos locales y orgánicos. Es la tendencia que queremos seguir porque vemos que hay un componente muy importante de la gente que se hospeda con nosotros que quiere que las cosas sean auténticas, naturales y orgánicas.

Supongo que es pronto para saberlo pero, ¿el negocio tendrá un relevo generacional?
— Creo que todos los negocios tendrían que tenerlo, pero también es una presión muy importante para los hijos. Sería interesante que quisieran llevarlo, pero lo veremos cuando llegue el momento que aún quedan unos años. Si es por voluntad propia, nos gustaría, pero hay que dejar a los hijos decidir.

¿Volvería a repetir esta experiencia empresarial?
— Sí, una vez que te embarcas no tiene fin y solo piensas en seguir con nuevos proyectos y nuevas ideas.

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