El 65% de los objetos perdidos en el aeropuerto en 2018 no se reclamaron

El servicio tiene la obligación de custodiar los objetos encontrados durante dos años y un mes

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Un pasajero reclama un objeto extraviado en la ventanilla de atención.

Un pasajero reclama un objeto extraviado en la ventanilla de atención.

23-09-2019 | DANIEL ESPINOSA

Ésta es la breve historia de un niño, pongámosle por nombre Daniel por tema de protección de datos, que perdió su osito de peluche durante sus vacaciones en Ibiza. Era un oso normal: marrón, ni muy grande ni muy pequeño. Probablemente su valor económico no era muy alto, pero sí el sentimental. Daniel compartía juegos con ese oso desde que tenía uso de memoria. Incluso se lo había llevado de vacaciones.

Sus padres publicaron un anuncio sobre su pérdida en Twitter. Lo vieron en el aeropuerto de Ibiza, que lo buscó, y ahí apareció. «La verdad que cuando vimos la publicación, en la que decía que había perdido su osito con el que llevaba toda la vida...poderle decir a ese niño que le devolvíamos su osito de peluche fue bonito», explica Ester Rodríguez, jefa de sección de Servicios Aeroportuarios de Ibiza.

Como este oso de peluche, más de 1.500 objetos han ido a parar a la sección de ‘Objetos encontrados’ del aeropuerto de Ibiza a lo largo de este año. En 2018 fueron 2.100, de los que fueron reclamados por sus propietarios en torno a 750, algo más del 35%. Pero, ¿qué pasa con los objetos que no se devuelven? ¿Cuál es el protocolo a seguir con estos objetos? ¿Cuáles son los lugares más habituales en los que la gente pierde sus cosas en un aeropuerto?

Protocolo
Los trabajadores de todas las empresas que desarrollan su actividad dentro del aeropuerto tienen la obligación de entregar al final del día cualquier objeto encontrado en las inmediaciones, el recinto o edificio de la terminal. Del mismo modo, cualquier persona que se encuentre con un objeto extraviado lo puede llevar al mostrador de información para que termine en la oficina de objetos encontrados.

Una vez que los objetos llegan a la oficina, se clasifican entre billeteros/monederos, equipos electrónicos, grandes bultos, joyas y otros. Todos se ordenan por bandeja, mes y año con un número de expediente.

La persona que ha perdido un objeto tiene tres vías para reclamarlo: acercarse él mismo a la oficina de objetos encontrados, que un familiar o amigo lo haga con una autorización o solicitar su envío a través de correo electrónico. En este último caso debe tenerse en cuenta que el propietario del objeto es el que corre con los gastos del envío.

Los objetos no están a la vista. Para reclamar un objeto se debe dar una descripción detallada del mismo, la fecha en la que se perdió o una prueba de que la persona es la propietaria.

Son muchos los objetos no reclamados a lo largo del año. ¿Qué pasa con ellos? El aeropuerto está obligado a custodiar los enseres encontrados durante dos años y un mes. Una vez pasado este plazo pasan a ser propiedad del aeropuerto, que anualmente lo entrega todo a Cáritas o a Cruz Roja de forma alternativa.

La responsable de servicios aeroportuarios explica que hay tres puntos críticos de pérdida de objetos: la zona de control de acceso de pasajeros, los locales de restauración y los aseos. «Donde uno deja las cosas es donde se pierden. Más cuando son lugares en los que hay mucha gente alrededor, hay prisas y estás pendiente de varias cosas», explica.

En la ventanilla de atención al público, Antonia Juan acaba de devolver un reloj de mucho valor. Dice que su trabajo es muy agradecido, aunque en ocasiones el trato con algunas personas es complicado porque no entienden que el objeto no haya aparecido. «Creen que el objeto debe estar aquí. Si lo ha encontrado alguien de personal trabajador del aeropuerto o si lo ha encontrado otra persona que lo haya traído será así, pero si el objeto se queda en algún sitio y lo encuentra un pasajero puede entregarlo o no».

Ella también relata que recientemente tuvo una experiencia muy grata con un chico que había perdido un disco de vinilo. «Al final lo encontramos y cuando se lo dije se puso muy contento. Luego me explicó que estaba dedicado, que había sido un regalo con dedicatorias de amigos. La gente a veces pierde objetos muy caros y cuando los recuperan se ponen contentos, pero la alegría de aquel hombre con el disco me sorprendió. Era algo que ya no podía comprar. Todas las dedicatorias y la historia que tenía estaban en ese objeto», concluyó.

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