Ca n’Espatleta vuelve a vigilar el sudeste ibicenco

El Consell d’Eivissa y el Ayuntamiento de Santa Eulària restauran esta fortificación defensiva, catalogada como BIC y de la que se tiene constancia desde el siglo XVII

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Resultado final de las obras de restauración de la Torre de Ca n’Espatleta, ubicada en la parroquia de Jesús.

Resultado final de las obras de restauración de la Torre de Ca n’Espatleta, ubicada en la parroquia de Jesús.

IRENE ARANGO

El sistema de torres de defensa de Ibiza vuelve a contar desde ayer con un enclave en la parroquia de Jesús desde donde otear el horizonte marino y terrestre de la isla. Se trata de la Torre de Ca n’Espatleta, que ha sido restaurada de la manera más fidedigna posible a su pasado, cuando sirvió de fortificación para divisar emboscadas y acciones de piratería.

La rehabilitación de esta atalaya ubicada en la parroquia de Jesús, en la zona de la Vénda de Ses Torres, fue presentada ayer en sociedad con la asistencia del historiador Antoni Ferrer y la arqueóloga Glenda Graziani, que han participado en su recuperación, junto con diversas autoridades como la alcaldesa de Santa Eulària, María del Carmen Ferrer, la consellera de Patrimonio, Sara Ramón, y el presidente del Consell d’Eivissa, Vicent Marí.

Esta obra de restauración del patrimonio se ha realizado en poco plazo de tiempo, ya que en octubre de 2019 comenzaron los trabajos y en apenas cuatro meses ya estaba completada.

Según explicó la alcaldesa de Santa Eulària, el coste de la acometida ha ascendido a un total de 143.000 euros, de los cuales 100.000 han sido aportación del Consell a través de una línea de subvenciones destinadas a restaurar el patrimonio histórico de Ibiza.

Primera fase
Ahora bien, la rehabilitación de la torre sólo ha sido una primera fase de la actuación que se pretende realizar. La siguiente consistiría en «vallar la parcela (que tiene 3.000 m²), abrir una conexión por otra calle, ya que ahora solo se puede entrar por la calle de la Torre d’en Barceló, limpiar la zona y hacer unos accesos para que se pueda llegar de una manera mucho más fácil», indicó la alcaldesa.

Ferrer señaló que la restauración se llevó a cabo debido al trabajo previo que desarrollaron tanto la arqueóloga como el historiador, porque no se podría poner en valor el patrimonio, si no se sabe que la riqueza que hay detrás.

«Cuando empezamos los trabajos tuvimos que hacer un mapa a la inversa de cómo había ido evolucionando el edificio que se construyó a lo largo de los siglos hasta este momento, que es cuando nosotros entramos y empezamos a trabajar. Un edificio que había pasado de lugar de refugio hasta ser una casa en los últimos tiempos, que acabó abandonada», resaltó Graziani.

La arqueóloga señaló que durante las excavaciones, en la base de la torre encontraron una serie de espolones que les dieron pie a diversas hipótesis, ya que es la única de las torres de defensa que tiene estas características. Una de ellas es que se construyó sobre una plataforma para salvar el desnivel de la pendiente, otra que inicialmente habría sido cuadrada y por la que finalmente se decantaron fue que sirvieron de contrafuertes para afianzar la construcción.

Pruebas en marcha
«Esta torre creemos que pertenece al siglo XVII, pero tenemos unas pruebas de carbono 14 en marcha y a ver qué dicen. Es una torre de defensa interior o rural, no costera, aunque comparte una característica con las de costa», recalcó el historiador Antoni Ferrer.
Según el cronista ibicenco, en la isla hay alrededor de medio centenar de este tipo de torres, «algunas son Bien de Interés Cultural (BIC), otras no y otras que eran torres de molinos y se confundieron en su día con torres de defensa, cuando no lo eran».

La Torre de Ca n’Espatleta está catalogada como BIC pero, a escasos metros a su alrededor, varias construcciones acechan con tapar su carácter torre de vigía. Para remediarlo se están «haciendo un área de protección y también otra de cotas, para que los edificios no se superen determinados metros por encima de la torre», remarcó la alcaldesa de Santa Eulària.

La respuesta a esta pregunta la daba el historiador Antoni Ferrer, ya que en la Ley de Patrimonio de 1985 no se dota a los BIC «de un entorno de protección y eso ha facilitado cosas como las que pasan aquí, que al no tenerlo, en algunos casos se tiene que hacer de bombero para intentar minimizar impactos urbanísticos como en este sitio».

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