Coronavirus

Una pequeña gran familia ante el virus

Carmen Costa y Lola Campos, dos de las profesionales que atienden el primer hotel medicalizado de Ibiza, cuentan cómo funciona

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La doctora Carmen Costa (centro imagen) con parte del equipo que atiende a los pacientes en el primer hotel medicalizado de Ibiza.

La doctora Carmen Costa (centro imagen) con parte del equipo que atiende a los pacientes en el primer hotel medicalizado de Ibiza.

25-04-2020DANIEL ESPINOSA
La doctora Carmen Costa (centro imagen) con parte del equipo que atiende a los pacientes en el primer hotel medicalizado de Ibiza.Una pequeña gran familia ante el virus

Motivación, esfuerzo, comunicación y mucha cercanía es lo que se puede encontrar en el primer hotel medicalizado de Ibiza, los apartamentos Panoramic-Tropical Garden de la cadena Playasol Ibiza. Esta instalación empezó a funcionar a principios del mes de abril con un equipo de 23 profesionales: tres médicos, cinco enfermeras, cinco técnicos en cuidados de enfermería, cinco profesionales administrativos, dos limpiadoras y personal de seguridad.

Carmen Costa es una de las médicas que da servicio en este hotel medicalizado. Con una amplia trayectoria profesional, esta doctora compagina su agenda de pacientes en el centro de salud de Vila y la consulta de respiratorio en ese centro con los turnos de 12 horas presenciales (y otras 12 horas localizada en casa) del primer hotel medicalizado de Ibiza. «Puse mi cargo a disposición por la edad que tengo y no tengo factores de riesgo. Cuando empezó todo y viendo lo que estaba pasando en otras comunidades me ofrecí como voluntaria para lo que hiciera falta», explica Costa, quien tiene 52 años (el viernes que viene, por cierto, es su cumpleaños) y precisa que, a partir de los 60 años, Salud Laboral «no recomienda que puedas estar en contacto con pacientes con COVID-19 si tienes enfermedades de riesgo, como hipertensión o diabetes. Tengo compañeros que habrían estado encantados en participar, pero las circunstancias personales no lo permiten», apunta.

El perfil
En este recurso sanitario se encuentran pacientes diagnosticados leves o bien con «sospecha alta de COVID-19» que no pueden hacer un aislamiento correcto en sus casas «por las condiciones sociales o familiares y este servicio es el que se pone a disposición; funciona como si estuvieran en sus casas». Se trataría, por ejemplo, de una unidad familiar con tres personas que convive en un piso de 50 metros con una sola habitación y un solo baño, por lo que esta persona sospechosa de COVID-19 no podría aislarse sola en una habitación con su propio baño. «Teníamos una paciente que vivía con 12 personas en la misma casa entre suegros, nietos y más familiares. Ya sabemos las condiciones de la vivienda en Ibiza y ésta ha sido la circunstancia más dominante, la de domicilios con muchos convivientes. Si no disponen de una habitación aislada y un baño propio, no se dan las condiciones adecuadas para hacer el aislamiento». Así, la médica recuerda que las familias son uno de los principales focos de contagio actualmente, junto con las residencias y los hospitales. Los pacientes que pasan la cuarentena en este hotel llegan por tres vías: el médico de cabecera, los servicios de urgencias y a través del servicio de Medicina Interna de Can Misses, cuando el paciente «cumple los requisitos para ir a casa después de un ingreso, pero no puede hacer el aislamiento bien por las condiciones del domicilio». Cabe destacar, además, que el ingreso en este hotel medicalizado es voluntario y que la «condición necesaria» para abandonarlo es «que no sean infecciosos y que las PCR hayan resultado negativas».

Una paciente regresando a casa. Vídeo: Daniel Espinosa - Periódico de Ibiza.

La rutina
Cuando un paciente nuevo tiene que ingresar en los apartamentos Panoramic-Tropical Garden, el equipo de enfermería y auxiliares preparan la habitación y a la persona se le proporciona un termómetro y útiles de limpieza. En la habitación, colocan el cubo de residuos negro «porque todos los residuos que genere, incluidos vasos y cubiertos y platos, van allí. Cuando un paciente llega le explicamos lo que tiene que hacer con los residuos y cuando el cubo esté lleno tiene que cerrarlo bien, sacarlo a la puerta y avisarnos para que vayamos a retirarlo. Le explicamos que en la habitación tiene doble bolsas para recoger las sábanas sucias cuando quieran cambiarlas; se las cambia el propio paciente para minimizar riesgos del personal de limpieza. Cuando tienen sábanas sucias, nos avisan, las dejan en la puerta y las vamos a buscar. También les damos un tríptico con toda la información de los servicios que hay en el hotel y el teléfono al que tienen que contactar si necesitan algo, si tienen dudas, si se encuentran mal o surge algún problema», explica Lola Campos, una de las enfermeras de este equipo que, además, compagina sus turnos de 24 horas con su trabajo en el SUAP de Sant Antoni.

Cuando el paciente ya ha ingresado, pasa la enfermera y la auxiliar a las 12.30 horas para el control de temperatura (se la tiene que tomar el propio paciente dos veces al día, por la mañana y por la tarde e informar al equipo de enfermería) y ver cómo han pasado la noche. «Si no han tenido fiebre, lo anotamos y si han tenido, informamos al médico que esté de turno presencial de 12 horas». A esa hora le dan la comida y la merienda («siempre adaptada a sus necesidades», precisa Campos).

A las 19.30 horas vuelven a pasar a ver cómo están, darles la cena y el desayuno del día siguiente y controlar la temperatura. Durante la tarde, hacen videollamadas con los pacientes para poder verse las caras sin mascarillas: «Hay gente que las necesita más porque está un poco más sola», precisa esta enfermera, quien recalca que siempre que llega un nuevo paciente hacen videollamadas con todo el equipo sanitario y administrativo para así poder verse las caras y conocerse. Esto genera tranquilidad y cercanía. «A veces los pacientes se sienten nerviosos, inseguros e inquietos, sobre todo cuando esperan resultados de las pruebas, y las videollamadas les tranquilizan», explica Campos, quien afirma, además, que muchos ya se conocen por el nombre y cuentan sus historias personales. «Teníamos ingresado a un paciente que tenía a su mujer en la UCI de Can Misses y cada día nos iba contando sus progresos, cuando la pasaron más tarde a planta, cuando ya tenía fuerza para caminar. Cada día le preguntábamos cómo seguía su mujer y nos iba contando. Hablamos bastante con ellos y nosotros también le contamos nuestras cosas».

‘Piña’

Tanto profesionales como pacientes hacen ‘piña’, son como una familia que se cuenta su día a día. «El ambiente es muy familiar y cercano. Los compañeros intentamos comer y cenar siempre juntos para hablar sobre cómo van los pacientes y sobre cómo ha ido el día», explica Campos. Esta misma opinión es compartida por la doctora Carmen Costa: «En el día a día no tienes tiempo de aburrirte porque como es todo muy nuevo siempre tienes algo que hacer y nos ayudamos mucho entre todos; hemos hecho un equipo muy majo. Además, en circunstancias de confinamiento social ha sido una oportunidad para conocer nuevos compañeros. A mí me está resultando una experiencia muy positiva, me ha ayudado mucho a nivel personal también durante este tiempo y estoy satisfecha de estar aquí.

Los pacientes, además, si necesitan algo pueden pedírselo a los profesionales sanitarios. Cabe destacar que los familiares de las personas ingresadas en este hotel medicalizado pueden acercarles cosas, que les hacen llegar los sanitarios. «Hay quien tiene movilidad y aprovecha para hacer un poco de ejercicio, otros leen...siempre les decimos que si necesitan algo que nos lo digan», explica esta enfermera.

Tanto para Carmen Costa como para Lola Campos, la experiencia de trabajar en este hospital medicalizado es muy «positiva y enriquecedora». «Íbamos con muchas dudas al principio, con miedos porque prácticamente son pacientes con COVID-19 positivos y tienes un poco de respeto al intentar no contagiarte, pero en el hotel tenemos medidas de protección necesarias y usamos los EPI correctamente. En este hotel están los pacientes que están mejor y están a la espera de estar con sus familias, nos cuentan cosas de su vida, nosotros de la nuestra y compartimos momentos muy gratificantes». «Más allá del trabajo clínico, te sientes como una persona que está haciendo compañía a estas personas que están pasando solas el confinamiento. Hay una sensibilidad especial porque sabes que están pasando por esto solos, sin sus familias; hay quien lo lleva mejor y quien lo lleva peor. Son pacientes que no suelen dar complicaciones», precisa Costa.

El futuro
Ambas profesionales sanitarias tienen claro que «no hay que relajarse» y que hay que tener «mucha precaución». «Hemos podido contener de forma tranquila la enfermedad, pero no sabemos lo que puede ocurrir. Hemos tenido suerte de no tener avalanchas como ha pasado en otros puntos del país, pero no significa que no pueda haber un rebrote o un crecimiento sostenido durante unos meses», explica la doctora Carmen Costa, quien recuerda que la medida más «eficaz» es quedarse en casa, salir lo imprescindible y mantener una correcta higiene de manos. Su compañera Lola afirma que el virus «sigue estando ahí» y que «lo importante es ser prudentes cuando salgamos a la calle y tenemos que salir lo justo y necesario; ya habrá tiempo para ver a amigos y familiares, que de ésta saldremos. Pero ahora hay que vivir el día a día y aprovechar el tiempo con algo para estudiar o hacer cosas que antes no hacías porque no tenías tiempo. Y muy importante: lavarse las manos y usar gel desinfectante. No hay que tener miedo, pero hay que ser prudentes porque habrá muchos casos asintomáticos». Mientras tanto, ellas dos y todos sus compañeros seguirán plantando cara al ‘bicho’ para cuidarnos a todos.

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