Coronavirus

Vila se reencuentra con la ‘nueva normalidad’

Los bares y comercios abiertos agradecen la vuelta a la actividad tras cerca de dos meses cerrados

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Winfrid toma nota de las comandas de la mañana en su cafetería.

Winfrid toma nota de las comandas de la mañana en su cafetería.

DANIEL ESPINOSA

Las calles de la ciudad de Ibiza empezaron a cobrar algo más de vida en el día de ayer, con la entrada de la isla en la fase 1 del desconfinamiento. A los transeúntes, que dependiendo de las franjas horarias variaban con la edad, se unieron el bullicio de terrazas y las colas en los comercios que se decidieron a levantar la persiana.

A pesar de los excepcionales incumplimientos que se pudieron ver por algunas de sus calles y que harían fruncir el frondoso ceño de Fernando Simón, como abrazos de amigos que llevaban tiempo sin reunirse, distancias entre mesas que estaban más próximas de lo debido o la relajación en el uso de las medidas de protección como las mascarillas o guantes; Ibiza podría llegar al aprobado en este primer día de fase 1 del desconfinamiento.

Bien entrada la mañana, abría Lina su tienda de ropa infantil e interior en la Avenida España: «Por un lado, veo bien el hecho de la reapertura pero por otro lado, creo que no vendrá nadie», afirmó. Ella tiene la ‘suerte’ de tener el local en propiedad y durante estos meses se ha librado de pagar los 2.800 euros al mes por 60m², que paga uno de sus vecinos comerciantes.

En el Café Mar y Sol de la Marina estaba Natali Roig con su grupo de amigas, celebrando el cumpleaños de una de ellas en la terraza. «No nos veíamos desde febrero, que hicimos una comida en Sant Joan, y el mismo día que supimos que entrábamos en fase 1, miramos las terrazas que abrían y dijimos ésta», explicó.

Pero ayer no salió el sol a gusto de todos. Es el caso de Francisco, propietario del bar Ses Galtes, que hasta el 25 de mayo no cree que abra y «depende de las condiciones porque si vienen con muchas restricciones, limpieza, separación entre mesas o que haya poca gente» no abrirá, aunque «entiende que hay que tener unas medidas de seguridad». En su caso, las estrecheces de la acera le impiden disponer de terraza y de su negocio dependen cinco personas, por lo que si abre, lo hará con tres de ellas, mientras que el resto continúan en un ERTE.

En una esquina de calle Catalunya estaba parado el camión de Sorin, que trabaja para la distribuidora de bebidas Bedrinks como repartidor. Él es autónomo y durante el confinamiento solo trabaja un día a la semana, por lo que estos meses ha estado facturando entre 500 y 400 euros al mes. «Sí, los pedidos han aumentado estos días, así que esperemos que con la apertura de bares y restaurantes haya más trabajo», apuntó.

A uno de los que le ha venido ‘bien’ el confinamiento ha sido a Jordi Masallera, de la tienda de ropa Pictro. «La gente viene a cuentagotas, con ganas y sobre todo han cogido unos ‘kilillos’ así que vienen a por unas tallas más», comentó. En el día de ayer ya habían incorporado a cuatro de los seis trabajadores de la tienda y esperan que en dos semanas puedan volver todos: «somos optimistas». Ya en ses Figueretes, el paseo marítimo empezaba a ofrecer otra cara y frente a las olas del mar se empezaban a apostar las primeras terrazas de esta temporada atípica en la isla. Winfrid es propietario de uno de los bares que abrió en el primer día de fase 1. «La mañana ha sido un poco tranquila pero está bien. Estamos muy contentos de volver a abrir desde el 14 de marzo», a lo que añadió que espera que la evolución de la pandemia le permita deshacerse de los guantes y la mascarilla porque «es difícil trabajar así».

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