Coronavirus | En primera persona

Sobrevivir al coronavirus con una sonrisa en los labios

| Eivissa |

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María Nieves Tur y Francisco Pascual, en el jardín de su casa, en Jesús.

María Nieves Tur y Francisco Pascual, en el jardín de su casa, en Jesús.

Daniel Espinosa

Cuando, según el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, el coronavirus representaría un par de casos en toda España, María Nieves Tur Clapés (de 73 años) y Francisco Pascual Torres (de 78) se encontraban en Gran Canaria disfrutando de los carnavales. De ahí fueron a pasar unos días a Madrid, donde la pareja se acercó al Wizink Center el 6 de marzo de 2020 a presenciar un concierto de Isabel Pantoja.

Una actuación que poco pudo disfrutar María Nieves porque ya no se encontraba muy bien. Empezaba a tener síntomas de resfriado y bronquitis que le acompañaron hasta Ibiza.

Al ver que no había ningún tipo de mejora y que Francisco contaba con los mismos síntomas optaron por ir a Urgencias del hospital Can Misses.

«Fue entrar a Urgencias y al cabo de un rato nos dejaron ingresados», recuerda Francisco. Y es que su esposa ya tenía neumonía y ambos dieron positivo en coronavirus tras la prueba PCR. Al ser un matrimonio y estar los dos infectados, les pusieron en la misma habitación, donde Francisco empezó a mejorar poco a poco pero María Nieves empeoró a mucha velocidad. Tanto es así que tuvieron que llevarla a la UCI e intubarla. «Fueron unos momentos muy difíciles», reconoce Francisco, «porque ella tenía neumonía bilateral y la tuvieron que intubar en la zona de los críticos». Además, como ambos debían estar aislados, la poca información que obtenía sobre la salud de su esposa era a través de un médico, que llamaba a su hija.

Una semana después, Francisco Pascual recibió el alta hospitalaria y pasó a estar confinado en su domicilio, donde recibía a diario la visita de los médicos. Mientras tanto, su esposa seguía intubada y dormida. «Estuve 15 días dormida y 15 despierta», comenta María Nieves con una sonrisa. «Cuando me desperté no sabía ni andar, ni sabía lo que decía ni nada; estuve ocho días diciendo barbaridades». De hecho, «pensaba que estaba en una clínica de Madrid y que me estaban engañando», reconoce entre risas, «porque si estuviéramos en Can Misses yo los conocería a todos».

La pareja recuerda momentos tan dolorosos con una sonrisa y una sana dosis de humor tras haber sobrevivido a la grave enfermedad. Y es que esos días fueron muy duros «especialmente para la familia, porque yo, como estaba dormida, no me enteraba de nada», señala María. «Los nietos, los amigos, los hermanos, los hijos… todos padecieron mucho», reconoce.

Surrealista también fue el momento en que María Nieves pudo volver a su casa. Por una parte, su marido era aún positivo y tenía que estar aislado. Por otra parte, ella, después de un mes en el hospital, prácticamente ni podía andar. Y lo peor de todo es que nadie podía estar con ellos en la casa para ayudarles. «Fue un poco complicado al principio», reconoce entre risas, «pero al tercer día ya me podía valer por mí misma con un andador».

De toda esta experiencia, además de sentir el cariño de un montón de gente «que se ha preocupado por nosotros en todo momento», explica María, este matrimonio de Jesús se ha llevado conocer de primera mano el buen hacer de los sanitarios de Ibiza. «Estuve tan bien tratada que no me sentí sola en ningún momento. Me sentí muy apoyada por las enfermeras y los médicos. Para mí, son un diez y cuando salí del hospital y me trataron los de Santa Eulària, otro diez».

En la parte negativa que han sacado de esta experiencia destacan las secuelas que a día de hoy, casi un año después de haber pasado la enfermedad, todavía sufren ambos. «No estoy como estaba antes», reconoce Francisco, «porque he perdido mucho la fuerza y me cansa mucho andar». «Yo estoy como si me hubieran puesto unos años encima», dice María Nieves, quien añade: «Era muy ágil y ahora me canso y me ahogo enseguida, además de otros problemas por los que estoy recibiendo tratamiento».

Pese a todo lo mal que lo han pasado, la pareja quiere dejar un mensaje de optimismo porque «de esta enfermedad se puede salir», aunque consideran fundamental que la gente «se lo tome en serio».

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