Cumpliendo el sueño del Bolshói a través de ‘zoom’

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Gracias al esfuerzo de su familia, Mara Aguirre cuenta con un mini gimnasio en el salón de la vivienda donde vive en Sant Josep.

Gracias al esfuerzo de su familia, Mara Aguirre cuenta con un mini gimnasio en el salón de la vivienda donde vive en Sant Josep.

Marcelo Sastre

Mora Aguirre, argentina nacida de la ciudad de Buenos Aires pero residente en Ibiza, tiene un gran futuro por delante en el mundo del ballet y la danza. A sus 18 años ya ha ganado numerosos premios tanto en su país como en España y desde el año pasado se ha ganado a pulso ser una de las alumnas de la Academia Estatal de Coreografía de Moscú,​conocida popularmente como Escuela de Ballet del Teatro Bolshói.

Es, como explicó la joven bailarina a Periódico de Ibiza y Formentera, un sueño del que no quiere despertar y una oportunidad que no está dispuesta a dejar escapar a pesar de las dificultades con las que se está encontrando desde que el coronavirus haya impedido su regreso a Rusia para continuar con sus clases. «Soy consciente de que soy una privilegiada al haber sido seleccionada para ser alumna de una de las más antiguas y prestigiosas escuelas de ballet del mundo y por ello tanto mi familia como yo nos hemos volcado para hacer todo lo posible para poder seguir recibiendo las clases desde mi casa de Sant Josep».

Sin embargo, esto no está resultando nada sencillo. «No somos una familia que tenga mucho dinero pero aún así hemos conseguido transformar el salón de nuestra casa en una especie de gimnasio, comprando una barra especial para los movimientos de punta, un tapete y hasta un espejo de grandes dimensiones». Un importante desembolso económico que se suma también a los 20.000 euros que cuesta cada año la matrícula en la Escuela de Ballet del Teatro Bolshói, al coste de cambiar cada dos semanas de zapatillas de punta o la compra del ipad y las cámaras necesarias para grabar su evolución diaria. «Solo puedo tener palabras de agradecimiento a mis padres porque está suponiendo una importante inversión para una familia humilde como la nuestra así que ojalá pudiéramos encontrar algún tipo de patrocinio o alguien que esté interesado en ayudarnos económicamente de alguna manera».

«Llevo un año en un sueño»
Mora Aguirre explicó a este periódico todo comenzó cuando a principios de 2019 cuando sorprendió a su familia diciéndoles que quería cumplir su sueño de ser bailarina profesional probando en Europa. Después, dejó alucinada a su madre cuando se animó a mandar sus vídeos a Rusia a ver que pasaba, y después, cuando recibió un mail en inglés en el que se confirmaba que había sido aceptada en el Bolshói, todos lloraron de alegría.

Aquel correo electrónico que jamás olvidarán en la familia llegó en mayo de 2019, siendo el comienzo de una aventura que llevó en enero de 2020 a la joven bailarina a Moscú. En la capital rusa estuvo seis meses, dentro de un período de prueba que se considera el primero de los tres cursos que hay que cumplir para obtener un prestigioso diploma que no está al alcance de muchas bailarinas y bailarines del mundo.

Cuando regresó a España en junio de este año con la alegría de haber conseguido muy buenas notas y con la confirmación de que definitivamente iba a formar durante los dos años siguientes de la Escuela de Ballet del Teatro Bolshói, nunca pensó que el coronavirus iba a cambiarlo todo. Con el aumento de los contagios las fronteras con Rusia se cerraron y Mora, de momento, ya no ha podido regresar para seguir con las clases.

Algo que no ha desanimado a la joven, que sigue convencida de que quiere cumplir su sueño sin darse por vencida. «Desde que di mi primera clase con 8 años me enamoré del mundo del ballet, teniendo muy claro que haría todo lo posible para poder dedicarme profesionalmente a ello, y por eso ahora que formo parte de una de las escuelas más importantes del mundo no voy a parar hasta cumplir mi sueño».
Una rutina muy exigente

Para conseguirlo, Mora sigue diariamente una rutina de clases muy estricta y exigente que lleva a cabo a través del sistema de comunicación zoom con los problemas añadidos de ser siempre en ruso y de las dos horas de más que hay de diferencia entre Moscú y Sant Josep. «Cuesta acostumbrarse porque he tenido muchas clases a las seis de la mañana pero al final no deja de ser un madrugón que cumples con ganas porque estás haciendo algo que te gusta mucho».

Además, a favor de la joven bailarina de origen argentino juega que las asignaturas sean muy variadas, incluyendo clases de ruso, historia del teatro, geografía, matemáticas o historia del ballet. «Es cierto que son muchas horas de estudio y bastante complicadas al hacerlas en un idioma tan distinto al castellano pero si le miras el lado positivo, todo esto hace que no tenga tiempo para aburrirme».

De todo ello, como es lógico, prefiere las asignaturas que están enfocadas directamente al mundo del ballet y la danza y que son fundamentalmente físicas. En total, se incluye una hora y media de lunes a sábado de ejercicios de danza, carácter o acting o también dos veces por semana «repeticiones de punta». Algo para lo que hay que estar muy en forma y no descuidarse ni un solo día con el handicap de no poder ejercitarse en gimnasios desde que estos están cerrados al estar incluidos dentro de las medidas del Nivel 4 avanzado decretado por el Govern balear. «Está claro que es mucho mejor hacer todos estos ejercicios en persona, con un profesor corrigiéndote y guiándote de modo individual, pero como no hay más remedio siempre es una buena opción el zoom ya que se puede hacer todo en directo y te pueden ver a través de las cámaras».

Otro pequeño problema más que no va a impedir que Mora Aguirre deje de cumplir su sueño de ser bailarina profesional.

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