Algunas de las habitaciones de UCI de Son Espases. | Redacción Local

La pandemia de la COVID-19 lleva marcando la vida de los ciudadanos desde principios de 2020, aunque en el último año ha pasado más desapercibida. De hecho, todo apuntaba a que en 2023 la Organización Mundial de la Salud (OMS) podría decretar el final de la pandemia. Sin embargo, lo ocurrido en China durante las últimas semanas -cuando se ha disparado los casos- ha motivado que los expertos se lo tengan que replantar todo.

El año 2022 comenzó en Baleares marcado por la restricciones para frenar los contagios de la COVID-19, que se descontrolaron en el puente de diciembre. Esto motivó que en Navidad se tuvieran que tomar medidas muy drásticas. En la memoria quedan aquellas largas colas en Son Dureta, ya que los ciudadanos que tenían que pasar horas para poder realizarse una PCR. Fueron muchos los baleares que tuvieron que cenar solos en Nochebuena y Nochevieja. «El año 2022 empezó con unas cifras de contagiados que subían diariamente debido a la variante ómicron y a su combinación con Delta», ha recordado el especialista en Salud Pública y Medicina Preventiva, Joan Carles March.

«Esta realidad nos llevó a una situación muy dura para la Atención Primaria, que estaba absolutamente colapsada y que ha seguido así a lo largo del año, e incluso, ha empeorado. Las Comunidades Autónomas, incluida Baleares, fomentaron el autodiagnóstico ante las dificultades de acceso a los centros de salud. En ese momento los ingresos en la UCI representaban el 0,2 % de los contagiados en la sexta ola, frente al 1,2 % en la quinta y el 16,2 % de la primera. El número de personas afectadas por el virus se disparó un 427,5 % en cuatro meses. Y los casos fueron oscilando a lo largo de mayo y junio; también subieron de forma importante a finales de junio y julio», ha precisado March.

Una enfermedad más

A medida que fue avanzando el año, el miedo a los contagios se fue diluyendo, hasta el punto de ser considerada una enfermedad más y se puso fin a los aislamientos; ahora es obligatorio acudir al puesto de trabajo infectado, aunque con mascarilla. Esta última ha dejado de ser obligatoria en 2022, salvo algunas excepciones como los centros de salud, las farmacias y el transporte público. «La gente ha perdido el miedo a la COVID. Y la vacunación ha bajado a niveles muy importantes», ha manifestado.

Sin embargo, el virus ha seguido causando estragos. En 2022 (con datos hasta el 24 de diciembre) se han detectado en las Islas 160.583 casos de COVID-19; hay que tener en cuenta que desde la pasada primavera las pruebas de diagnóstico se limitan a las personas vulnerables, por lo que la cifra real es bastante más elevada. Cabe destacar que el coronavirus se ha seguido cobrando vidas en las Islas: en 2022 han sido un total de 501. Desde el inicio de la pandemia han muerto 1.601 personas con esta enfermedad en el Archipiélago balear. March ha subrayado que Baleares fue una de las comunidades con más exceso de mortalidad en la sexta ola. «Algunas de las causas son la saturación del sistema, junto a diagnósticos de patologías tardíos, que pueden agravar la situación y causar la muerte, junto al calor y la COVID. Julio de 2022 ha sido el segundo mes con más exceso de mortalidad desde el inicio de la pandemia en Baleares. La tendencia de mortalidad al alza ha sido sólida».

El impacto de la vacuna

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El especialista en Salud Pública y Medicina Preventiva ha argumentado que «la vacuna y el hecho de que la variante ómicron haya sido menos virulenta han dibujado un panorama muy diferente al de la primera ola». Como se ha señalado anteriormente, ahora la sociedad prácticamente se la toma como una enfermedad más.

Otra de las protagonistas de este año ha sido la COVID persistente. «Mucho después de recuperarse de la COVID-19, las personas se enfrentan a un mayor riesgo de problemas cardíacos como inflamación del corazón, arritmias e insuficiencia cardíaca; así como una mayor incidencia de inflamación, miocarditis y pericarditis. Por tanto, prácticamente todas las enfermedades del corazón infarto, ictus, tienen un riesgo disparado en las personas que han sufrido la citada enfermedad con respecto a los que no han pasado la infección. La COVID puede ser un factor de riesgo peor que otros, como el colesterol». March también ha apuntado que este año se ha demostrado la poca utilidad del pasaporte COVID.

Así termina 2022 y sí empezará 2023

El año 2022 ha terminado con una tasa de contagios por COVID-19 cercana a los máximos históricos, aunque -como se ha señalado anteriormente- ya no se hacen pruebas de diagnóstico a todos los infectados. Preguntado por cómo será 2023, el especialista en Salud Pública no es partidario de hacer predicciones sobre el futuro de la pandemia. «Vemos lo que vuelve a pasar en China y creo que no es el momento para pensar en que ya se ha terminado, aunque haya indicadores de mejora. Nos equivocamos cuando nos quedamos sin evaluar ninguna de las medidas que se han puesto en marcha y diseñamos actuaciones de respuesta ante la situación que tenemos sin tenerlo en cuenta».

No obstante, ha reconocido que «hay un escenario optimista: el virus se comporta como la gripe. Aparecen más variantes, pero su efecto se contrarresta bastante con la inmunidad previamente adquirida». También ha advertido que hay otro «escenario pesimista, puesto que parecen nuevas variantes con nuevas mutaciones, más letales o que evaden más la inmunidad que las anteriores». En este punto, ha matizado que la inmunidad adquirida desciende con el tiempo. «¿Qué es lo más probable que ocurra? Lo más normal es que vayamos hacia el escenario optimista. Pero no lo sabemos».

Para concluir, ha declarado que «lo único que está claro es que tendremos un futuro en el que habrá que añadir la COVID-19 a la lista de otras enfermedades que circulan entre nosotros». Además, ha razonado que no haber estado expuestos a los virus durante dos años ha disminuido la inmunidad frente a los virus respiratorios. Por ello, se ha visto un ligero aumento de gripe, un incremento importante de bronquiolitis y también se ha producido casos raros de hepatitis y de viruela del mono. Hay que recordar que alrededor del 60 % de las enfermedades infecciosas emergentes que se notifican a nivel mundial son zoonosis, es decir, se transmiten entre animales y humanos».