Marga Prohens y Llorenç Córdoba.

La isla de Formentera atraviesa una legislatura aciaga que puede significar el fin de la institución insular creada con la reforma del Estatut d’Autonomia de les Illes Balears de 2007. El verdugo del Consell de Formentera, paradójicamente, es su presidente, Llorenç Córdoba, para quien los calificativos hace tiempo que se terminaron. Su irresponsabilidad como gobernante no tiene precedentes en democracia. Carece de partido y de apoyos en el pleno; y ahora, además, tampoco tiene equipo de gobierno con el que gestionar el día a día de la institución, pues todos, excepto uno que allí sigue, decidieron dimitir. Y pese a esta situación kafkiana, insostenible y nunca vista, el presidente sin gobierno y con todos los consellers electos, un total de 16, en la oposición, asegura que no dimitirá.

Cuando la ciudadanía había olvidado por completo que el Consell de Formentera un día fue un simple ayuntamiento más de las Pitiusas, Córdoba pretende, sólo para seguir en su puesto incluso en tan penosas circunstancias, retroceder 17 años, prescindir del Consell y que la isla vuelva a estar gobernada por un mero ayuntamiento. Otro delirio que nadie en su sano juicio, puede aceptar y mucho menos los partidos políticos con representación en el Consell.

El secuestrador pretende seguir tomando como rehén a la institución de autogobierno de la que es presidente –no diremos que preside, porque no puede hacer nada, excepto cobrar cada mes su abultado sueldo, que es lo único que le importa– y está dispuesto a liquidar al rehén para continuar en su despacho, aunque el desgobierno y la parálisis se hayan adueñado del Consell. A esto hemos llegado y aún puede ser peor si Gent per Formentera, PSOE y Sa Unió no lo echan como sea. Las mociones de censura están contempladas para casos así, cuando un kamikaze está dispuesto a inmolarse y a destruirlo todo, sin importarle nada.

El comportamiento de Córdoba ya no puede ser analizado con parámetros políticos. No está bien y parece haber perdido el juicio. Abandonado el terreno de la política, del interés general y de la lógica, nos adentramos en el inhóspito campo de la arbitrariedad, la desesperación y el surrealismo más absolutos. No hay por dónde cogerlo y ha dado abundantes muestras de incapacidad para ocupar un cargo de responsabilidad, nada menos que el de presidente de Formentera.

Vean si no al Dr. Jekyll y Mr. Hyde, que ante los micrófonos y las cámaras se muestra dócil, reflexivo y sosegado; pero en privado se pone colérico, desafiante y chulesco, incluso violento, alzando la voz, dando golpes en la mesa y exhibiendo un cinismo sin límites. Nada le importa excepto cobrar a fin de mes. Y si tiene que matar y enterrar al Consell de Formentera, después de haberlo secuestrado, pues se entierra y santas pascuas.

Córdoba, tras la reunión de la junta de portavoces celebrada este viernes, ha criticado a todos los partidos presentes en el Consell, acusándolos de desentenderse de la gobernabilidad de la institución. Dice que sólo quieren su dimisión, pero asegura que no dimitirá ni en el caso, cada día más probable, de que haya una moción de censura y se nombre a otro presidente o presidenta.

No alcanza a comprender su grado de responsabilidad en todo este embrollo y afirma que no hay razones para dimitir. Cinismo a raudales. Hace el paripé, porque de lo que se trata es de resistir un día más como presidente, como sea, a toda costa. Otro día en el cargo y un mes más cobrando, aunque no haya Junta de Govern, ni se pueda aprobar ni gestionar nada, mucho menos unos presupuestos a fin de año. Pero a quién le importa eso. Desde luego, al mariscal Córdoba no. Él tendrá un mes más su nómina de presidente de Formentera, que es lo importante. Lo nunca visto.