Paseando por nuestras calles

Un pintor a la altura de su progenitor

| | Eivissa |

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Imagen de la calle dedicada al pintor en es Viver. Foto: DANIEL ESPINOSA

Imagen de la calle dedicada al pintor en es Viver. Foto: DANIEL ESPINOSA

19-12-2016

Narcís Puget Riquer se definía a sí mismo como un «indigno seguidor» de su padre, el pintor Narcís Puget Viñas hacia quien sentía una profunda admiración. A pesar de sus humildes palabras, el talento de Puget Riquer fue indiscutible y venció la alargada sombra de su padre convirtiéndose en uno de los mejores acuarelistas deEspaña aunque en sus primeras obras se puede observar la inevitable influencia paterna.

Nacido en 1916, estaba predestinado a ser pintor desde pequeño, una profesión que aprendió mientras estudiaba bachillerato en el Instituto de Ibiza acompañando a su padre a pintar al aire libre y acudiendo a las clases de la academia paterna de dibujo y pintura.

En 1933, conoció a un grupo de profesores y alumnos de la Escuela de Cerámica de Madrid que habían venido a la isla a hacer un curso de pintura al aire libre en Santa Eulària, donde la familia Puget tenía una casa donde pasaban largas temporadas. A raíz de esta amistad, Puget decide trasladarse a Madrid a estudiar en dicha escuela donde coincidió con el también ibicenco Antoni Tur Costa ‘Gabrielet’, con quien mantuvo una gran amistad a lo largo de su vida.

El inicio de la Guerra Civil le pilla en Madrid y, a causa de las dificultades para viajar a Ibiza, tarda unos años en regresar. De vuelta en la isla, Puget Riquer se dedica de lleno a la pintura y en los años 40 participa en diferentes exposiciones.

Fue a partir de ese momento cuando encontró en la acuarela un medio de expresión propio que le diferenciara de su padre. Una técnica con la que hizo sus mejores obras y a través de la cual reflejó el paisaje de toda la isla: desde los campos de Santa Eulària, representados con colores alegres e intensos, hasta las calles de Dalt Vila o sa Penya. También destacan sus dibujos hechos a lápiz o carboncillo a través de los cuales retrató la vida en la ciudad, el campo y el puerto.

En los años 50 perdió la visión por una grave enfermedad ocular, lo que le obligó a dejar de pintar y se trasladó a vivir a Santa Eulària. Tras varios años de retiro, el reconocimiento nacional le llegó en 1982 cuando el rey Juan Carlos le concedió la Medalla al Mérito de las Bellas Artes. Ese mismo año, el Museu d’Art Contemporani d’Eivissa (MACE) presentó una amplia muestra de sus acuarelas.

Apenas un año después, en 1983, Narcís Puget Riquer murió en Barcelona y fue enterrado en Ibiza sin poder ver el museo de Dalt Vila que lleva el nombre de su familia.

Calle de Narcís Puget Riquer

Un museo sobre los Puget en una casa señorial de Dalt Vila

Narcís Puget Riquer decidió antes de morir donar al Estado una colección pictórica compuesta por 42 óleos y 30 dibujos a carboncillo sobre papel de su padre y 29 acuarelas y 29 dibujos propios.

Una de las condiciones de esta donación fue que las obras se exhibieran en un museo dedicado exclusivamente a los Puget en el edificio de can Llaudis, también conocido como can Comasema. Cuentan quienes le acompañaron que, cuando entró a esta casa señorial, rompió a llorar y aseguró que era aquí donde las obras de su padre debían estar. Situado en la calle Sant Ciriac de Dalt Vila, este edificio de estilo gótico fue sometido a un largo proceso de restauración que se alargó durante años.

Las obras de los Puget, custodiadas por los herederos de los artistas, pasaron a finales de los años 90 al Museu Arqueològic des Puig des Molins. Finalmente, dos décadas después de la donación, el museo, gestionado por el Ayuntamiento de Eivissa, fue inaugurado en 2007.

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